Los Beneficiarios del Terror

Con todo el maremágnum que se ha montado a raíz del incipiente terrorismo en tierras occidentales, uno debería empezar a reflexionar sobre quién o quiénes salen reforzados de estas horribles acciones. Sobre el papel, el terrorismo yihadista es un mecanismo de ataque que utilizan “enemigos” de tierras lejanas, fanáticos, cuyos delirios de grandeza amenazan el bienestar y la tranquilidad de nuestras queridas naciones europeas y, en líneas generales, de occidente.

Ocurre que, como todo en esta vida, lo que vemos y lo que ocurre en realidad no es lo mismo. Hay capas y capas de entramados que se superponen hasta opacar por completo la verdad, entendida como una representación fidedigna de los hechos acaecidos. Y esta verdad nos escupe a la cara, desenmascarando posibles intenciones escondidas de aquellos que hoy se erigen como adalides de la democracia y defensores de los europeos.

Europa, por muy disparatado que suene esto, se beneficia cuando un enemigo extranjero nos ataca. Mejor dicho, ciertos grupos de personas, ciertas ideologías, encuentran en estos conflictos bélicos/ideológico/económicos tierra fértil para enraizar. No olvidemos que las organizaciones terroristas que acaudillan a estos lobos solitarios son financiadas previamente por los propios países europeos, mediante el envío de armas de inmaculada factura, sin ir más lejos. Francia todavía enviaba armamento a los rebeldes sirios cuestión de semanas atrás, y resulta que esos rebeldes pertenecen a todas luces a ISIS. ¿Lo sabían? Claro que sí. ¿Es una ironía del destino? No.

En este mundo las casualidades ocurren, pero rara vez, y menos en materia política e internacional. Los intereses de la ultraderecha europea, escondida en cuevas y recovecos legislativos y sociales, vienen a florecer ahora cuando nuestro “territorio” se encuentra a mereced de la “amenaza más peligrosa que la democracia ha enfrentado jamás”. Y, naturalmente, estos movimientos propugnan ahora formas de control ciudadana que, en principio, solo afectarán a los “sospechosos de terrorismo” pero que, con el tiempo, podrían ir extendiéndose subrepticiamente hacia todos los individuos de una nación…. La maquinaria orwelliana funcionando a todo tren, que es el objetivo principal.

Luego también hay cuestiones muy llamativas que se han comentado estos días, como la modificación de la libre circulación de ciudadanos entre los países de la unión. Recordemos que esta asociación entre países europeos apuntaba a la supresión de fronteras y a la uniformización de legislaciones y materias económicas a lo largo del territorio (proyecto en entredicho, tal y como hemos visto en la crisis que nos ocupa). Pero ahora, con la excusa del terrorismo, se proponen controles fronterizos “necesarios” para evitar que los “monstruos” atenten donde menos se espera y, por qué no decirlo, quizá sentar las bases de lo que será la futura fractura de la unión, algo que a buen seguro algunos grupos ya están rumiando en su fuero interno. Y no niego que estas medidas de seguridad puedan ser necesarias, pero hay que tener cuidado con lo que se echa en la mezcla de la precipitación.

El problema se reduce a que es difícil contener una amenaza que nuestros mismísimos países financian. No podemos decir por un lado que son terroristas y que hay que combatirlos hasta la extenuación si por otro lado les enviamos pertrechos cada mes o ignoramos deliberadamente su influencia creciente. Ciertas formas de control social pasan por el terror, por infundir miedo a los ciudadanos y que de ese modo la población encuentre cobijo en la protección paternalista de un estado inflexible y vehemente en materia territorial; hace falta un enemigo, manejable, identificable. ¿Por qué?

Toda civilización necesita un enemigo al que culpar. La culpa se puede endosar a ciertos grupos sociales -inmigrantes-, a herramientas tecnológicas que no se comprenden -Internet-, a la juventud revolucionaria que ya no tiene valores -que siempre está de botellón-, o a los terroristas -que veladamente benefician a los gobiernos-. Suena duro; lo es. Los ciudadanos mueren y sufren, pero los gobiernos sacan réditos electorales de estas deleznables acciones. En Francia, por ejemplo, la candidata Marie Le Pen no se ha cortado ni un pelo al intentar rentabilizar la calamidad, insuflando ánimos renovados a sus propuestas xenófobas y aislacionistas. ¿Caerán los franceses en la trampa? La población es sumamente débil cuando se encuentra en forma de masa; ya veremos.

Y es que viva la democracia, sí, pero que nadie se olvide de que ningún sistema es perfecto, pues está conducido y manejado por seres humanos, cuya esencia es miserablemente egoísta y capaz de los horrores más impensables; la corrupción traspasa y mancha. Y esta democracia, tan maravillosa y brillante, es en ocasiones capaz de alimentarse del terrorismo y del expolio con tal de seguir rodando. Porque la culpa, como en todo, la tienen los de afuera (los entes internacionales, los bancos, los políticos, los inmigrantes…), y nuestros gobiernos harán lo posible para salvarnos de las llamas mientras se sacrifican para mantenernos a flote. En consecuencia, y por nuestro bien, tendremos que constreñir Internet, controlar las redes sociales, talar los bosques y saquear los mares, esclavizar animales humanos y no humanos, poner un chip en cada persona y cruzar los dedos para que el concepto de libertad siga vigente dentro de 60 años. Cierra los ojos y confía. Fuerza mayor; beneficio mayor.

¿Dónde se esconde la humildad? ¿Ha fenecido el infame sentimiento de la responsabilidad? ¿Ha sido masacrada la honestidad en alguna zanja desconocida? ¿Quién controla la aguja en el tapiz de la historia? Aquí solo veo títeres y marionetas, y muchos espectadores quedos (y muchos individuos que luchan contra la corriente arrolladora). La noche galopa; sus harapos oleosos y zafios enfangan todo sorbo de agua. Asfixia e ignorancia, sí; allá van los marineros, a hundirse lastimeros en turbios mares cuyo sabor recuerda a lágrimas.

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5 comentarios en “Los Beneficiarios del Terror

  1. Esto se pone cada vez más feo. Van a darle otro golpe a la libertad de las personas. Quieren esclavos, y van paso a paso según un plan establecido. Pienso que los nazis no perdieron la guerra, se hicieron con el poder del mundo al concluir la guerra fría.

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  2. Bueno, hay teorías que dicen que Hitler ganó la guerra, aunque no sé hasta qué punto están fundadas. Lo cierto es que la Europa unida es una idea que ya tuvo Napoleón en su momento, y que puede ser una cosa positiva si se maneja bien. Pero hay muchos intereses de por medio y la población es un elemento de la cadena de producción, nada más.

    Un saludo.

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  3. En líneas generales, lo que dices es evidente. La armas que utilizan todos los grupos terroristas o sátrapas de toda índole que andan por ahí, a lo largo y ancho de este mundo, no compran fusiles de asalto, lanzagranadas o lanzacohetes tierra/aire ni en la tienda de la esquina, ni se fabrican en países del tercer mundo. Hay una canción de Bob Dylan, creo que es Mater of the war, que más o menos viene a decir que “aborrezco a aquellos que con una mano firman tratados de paz y con la otra se venden y compran armas para seguirse matando”. La escribió a principios de los 60 y lo único que ha cambiado desde entonces es la calidad de los útiles de matar.

    Es obvio también que los hay que legislan a golpe de impacto -lo que suele ser un error fatal- y los que intentan, ante esto, pescar a río revuelto. Es el caso de Jean Marie Le Pen y, como no, toda esta lacra de politiquillos de tres al cuarto que miden cada uno de sus movimientos como un reto electoral y… claro, como tan claramente argumentas en tu artículo, si hay alguien a quien echar la culpa… mejor que mejor y mejor todavía si este es diferente. De ahí plantearse el cierre de fronteras dentro de la Unión Europea, algo realmente absurdo cuando el origen del problema cae de sus puertas afueras. De un problema del que las sociedades superdesarrolladas, tiene buena parte de culpa, sin que ello sirva de eximente a las responsabilidades al mundo árabe.

    ¿El futuro? Difícil, se presenta sumamente difícil para ambas partes.

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  4. Lo cierto es que no sería lógico ni esperable confiar en que los países occidentales fuesen honestos e inocentes de todas estas tramas. Solo con ver la voracidad con la que expoliamos los recursos naturales de países africanos, mientras fomentamos las guerras entre milicias para mantener el caos vigente y así saquear con mayor facilidad, deberíamos ser conscientes de la realidad.

    Europa, USA y muchos otros, son los malos de la película. Y ocurre que hay muchos inocentes dentro de estas fronteras, pero el victimismo de nada servirá ante los crímenes que se comenten en nombre de la democracia.

    De este sistema y de sus intérpretes únicamente espero calamidades; cuestión de probabilidad.

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  5. Es la doctrina del chock. Meter una desgracia para justificar medidas impopulares, más recortes de derechos, más represión y vigilancia a la ciudadanía. Estamos a las puertas de la sociedad orweliana, si no nos hemos metido ya en ella.

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