Quiebros y Lealtades

En materia política, la adaptación es una de las cualidades más útiles y frecuentes del panorama español. Al igual que los camaleones, los representantes electos de este país bailan al son del viento que sopla en ese momento, y muchas veces escenifican danzas de idas y venidas a lo largo de un mismo día según convenga a sus pretensiones electorales, que sirven de tapadera para sus pretensiones pecuniarias. Es habitual que sus intervenciones públicas, perfectamente almacenadas en soportes audiovisuales, sean desmontadas, negadas o maquilladas días después por la misma persona que las profirió, sin el menor reparo o atisbo de vergüenza.

Ocurre que hoy en día, como he dicho, todo queda grabado, aunque por desgracia eso no parece incidir en la memoria de los protagonistas ni en la del vulgo. Sin ir más lejos, en el programa El Objetivo suelen tirar de hemeroteca y rescatar del olvido discursos antiguos, en cuyas imágenes añejas -o no tanto- se puede ver a menudo a un político defender lo que en el presente critica, y viceversa. No es infrecuente que PP y PSOE intercambien argumentos… Quedan, pues, grabadas las promesas vacuas y las mentiras dulces, forjadas en el baúl de la historia, y es muy sencillo contrastar estos extraños e inexplicables quiebros ideológicos que, como poco, debieran de tornarnos más inflexibles.

Una mente malpensada como la mía podría llegar a la conclusión de que lo que hacen los políticos no es proponer soluciones insuficientes a problemas falsos, creados o inventados por ellos mismos con anterioridad, sino pronunciar en voz alta lo que la gente quiere oír para perpetuarse en su trono, tan duramente obtenido mediante el engaño, el terrorismo y el expolio. O lo que es lo mismo, que no importa lo hecho ni lo dicho, sino los resultados: permanecer, prosperar, Dios mediante. Aunque el programa electoral sea irrealizable, se promete; la “herencia recibida” será la culpable de que sea descartado en la legislatura subsiguiente. Y la gente, tan cándida y mansa, pese al hartazgo creciente desde el 15M, tiende a tomárselo con humor y resignación, a contentarse con pobres imitaciones o caricaturas jocosas en los programas de TV, en los que la risa está asegurada a costa de esta casta infame que dirige a la nación a la bancarrota moral.

Pero a estos bellacos no les molesta la sátira; saben que es un pequeño sacrificio que han de aceptar para poder obtener la gloria y el éxito. Aunque sean cuestionados hasta la saciedad y sus mentiras expuestas en cruda disección, ellos se mantendrán inmutables y felices de seguir saqueando y mintiendo a la población, ya que tienen el sustento asegurado. Lo negarán todo, o lo jurarán, no importa, ya que al fin y al cabo el alcance de su influencia es bastante reducido y no están aquí para arreglar el mundo, solo para “ocuparlo y sacar tajada”. No vivimos en democracia; como mucho, vivimos en un sistema dual de democracia representativa fallida y capitalismo golpista.

Los datos, de los que tanto presumen los ministros y los presidentes, fluyen de unos entes incorpóreos sobre los que no tienen ningún control: las empresas, no siempre nacionales, de las que de forma directa o indirecta emana la salud económica de un país. Y dado que vivimos en un mundo globalizado, en el que los productos brotan de suelo chino, con mano de obra barata, hablar de recuperaciones económicas o de “hacer competitivo” el mercado laboral tiene mucho de función de teatro y es habitual que sea, meramente, un anuncio positivista de cara a la galería. Además, esas reformas competitivas implican que las condiciones entre países se igualarán a la baja, recortando derechos y bajando sueldos para contener el empuje asiático.

Serán las propias necesidades del mercado, autorregulándose (¿o atiborrándose de esclavos, contaminación y consumismo ciego?), las que dictaminarán si un país es rico o pobre, y si sus ciudadanos nadarán en comodidades o morirán de hambre. El gobierno poco tiene que ver aquí; se limitará a un proceso de adaptación según vengan dadas. En esencia, no puede haber trabajo en una nación si las empresas deciden viajar al extranjero para fabricar sus productos, para acto seguido venderlos en el primer mundo a precio de oro; la clave de toda economía es la gestión eficiente de los recursos locales, más accesibles y baratos, y con más garantías. Un gobierno nacional no puede pretender controlar las tendencias de mercado, que se mueven por apetencias internacionales, ergo su utilidad queda en entredicho. Mas, ¿qué será de nosotros si ese gobierno no defiende a los suyos y prefiere rendir pleitesía a caudillos sin corazón? ¿Les basta a estos políticos con mentir y robar?

En lugar de tantas burlas e idioteces, bien haría el pueblo en exigirles compromiso y medidas oportunas, sin descanso. Exigir un entramado industrial y de servicios sostenible y eficiente, local, que pueda absorber la mano de obra de la zona y redundar en riqueza para las personas que la habitan. A la larga, es lo más beneficioso para todos, pero… es mucho más fácil hincar la rodilla en tierra y jurar lealtad a los verdaderos amos del mundo, foráneos y sin patria, que prometen beneficios escandalosos y consumo por doquier; porque el consumo es progreso, y el progreso es Dios.

Rara vez el que nada en abundancia comparte su suerte con el necesitado; tiene las manos ocupadas.

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4 comentarios en “Quiebros y Lealtades

  1. En un mundo dominado por una élite, la corrupción local es factor indispensable, porque si los políticos no estuvieran corruptos trabajarían para el pueblo, y no para esa élite que manda. Pero teniendo dinero no hay nada más fácil que comprar a las personas. Para los capitalistas todo se vende y se compra, incluidas las almas. Por dinero, la gente obedece. Y el más afortunado, si quiere más, siempre obedecerá a otro que le ofrezca aún más dinero. Así, los políticos y banqueros locales son ricos, pero les ofrecen más, y aceptan pactar con el diablo. El trato consiste en recoger a cambio de traicionar la voluntad popular, traicionar las promesas hechas en los mítines. Nada más fácil para los hipócritas y los mentirosos, definición esta que se ajusta muy bien a los políticos. En todas las épocas ha habido corrupción porque en todas las épocas una minoría dirigía los destinos de toda una nación. Ahora el fenómeno se ha expandido a nivel global, una minoría local somete al planeta tierra a sus designios, no sé si sádicos o perversos. Para mí no hay duda de que esa minoría está compuesta por gente psicópata. Por sus obras los conoceréis, dice el proverbio. Psicópata quiere decir que “disfruta haciendo daño”, se ha convertido en la razón de su vivir.

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  2. Y además de disfrutar haciendo daño, creo que una de las características esenciales del psicópata es que no siente remordimientos. Vamos, que lo que hace no le causa mayor trastorno emocional. Ahora estamos viendo, por ejemplo con el caso de Grecia, que la élite europea financiera está sacando toda la artillería para evitar la secesión ideológica, y prevenir así posibles pérdidas mayores en territorio español. No dudes de que, en aras de evitar que sus beneficios mengüen, son capaces de engañar a las naciones y de instauran un régimen del terror muy sutil.

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  3. Una de las razones que aumentado exponencialmente el problema es que ha desaparecido el concepto de la política al servicio del pueblo por el de la política al servicio del partido. Hoy, por una serie de diversas razones pero que una de ellas, sin duda, ha sido la falta de crítica activa en el conjunto de los ciudadanos, la política de verdad ha quedado reducida a las pequeñas poblaciones, donde el alcalde o el concejal son gente cercana que siente y padece los problemas de sus vecinos. Otra cosa es que lo haga mejor o peor, pero realmente esta a pie de calle. En el resto de los casos ya nada importa el destino del pueblo, mientras a este se le facilite, al menos lo justo, para que no se levante.

    Pero algo parece que está cambiando, así que… atentos.

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  4. La evolución social apunta a la deshumanización de todos los aspectos de la vida humana. En los pueblos el alcalde está a pie de calle porque en muchos casos no le queda otra, y es frecuente que vaya casa por casa pidiendo el voto y prometiendo cosas concretas a cada votante (al menos en mi zona se hacía así no hace mucho). Pero en el futuro, los discursos a través de pantallas y megafonías tenderán a imponerse.

    Al final no sabremos si nos gobierna un conjunto de CPU's, ordenadores, a un conjunto de personas.

    Un saludo.

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