Dejando la Crisis Atrás

Me sorprendían esta mañana los medios de comunicación con un nuevo discurso triunfalista de Mariano Rajoy, en el debate del estado de la nación. Enfrascado en mis papeleos personales, no me había percatado de que tal acto tendría lugar hoy, así que la televisión se encargó de transportarme a ese mundo de ensueño protagonizado por políticos honestos y piadosos. En él, como es habitual, hemos asistido a la defensa a capa y espada de las medidas aplicadas por el ejecutivo del PP en los últimos años, todas ellas en aras de salvar al pueblo español de los envites de la crisis económica que nos asola desde 2008.

Se ha hablado de la necesidad inexcusable de hacer un enorme esfuerzo monetario y del sacrificio laboral pertinente, de cobrar menos y trabajar más, de los recortes y la austeridad, de las reformas estructurales aplicadas para convertirnos en una potencia competitiva que, hoy por hoy, crece el doble que cualquier país de su entorno. Se han dicho muchas cosas ilustres y refulgentes, desde luego, que bien podrían pertenecer a un anuncio televisivo sobre las bondades de unas zapatillas milagrosas: “por un módico precio, todos sus males desaparecerán. Compre ahora y vote PP”.

Ocurre que la recuperación económica, la tan anhelada salida de la crisis, no depende de gobiernos nacionales, como ya he dicho tantas veces. La tesitura es delicada a nivel internacional, por lo que poco puede hacer una diminuta nación para combatir a un monstruo que mantiene bajo asedio al mundo globalizado. La única alternativa es capear el temporal y recoger los exiguos frutos de un mundo deshumanizado; pasar hambre y sed.

Ahí tenemos como ejemplo el caso de Grecia, cuya ingenua población votó a un partido alternativo y prometedor, encomendado a recuperar la soberanía nacional y a luchar a brazo partido por sus ciudadanos… para acabar poco después supeditados nuevamente a los órganos europeos. Se les exigen reformas inmediatas a cambio de financiación y, por las asperezas del sistema, los griegos ya están maniatados y listos para hornear, menos de un mes después de las elecciones; Amanecer Dorado tiene vía libre para esparcir su populismo racista e incendiar el tenderete. ¿Y Podemos? Distinto collar, mismo perro; garantizado. Un sistema enfermo no se puede “arreglar” desde dentro. En cualquier caso, el destino de Grecia tampoco depende de ellos, depende de las mareas financieras y de su salud monetaria, lo que a la postre derivará en lo que quieran los tahúres que rigen este mundo.

Por tanto, resulta casi insultante que Rajoy nos venga ahora con la cantinela de que España va bien a causa del buen hacer del gobierno, y de que ha llegado el momento de empezar a rebajarle la presión fiscal al vulgo. Que durante años los trabajadores de este país han mantenido el sistema a flote con su sudor, sangre y lágrimas, y que hay que recompensar tan encomiable empeño de la mejor forma posible, acompañando la reforma fiscal con otras mejoras en el estado del bienestar, como la reducción de las tasas judiciales. No se olvidó, desde luego, de advertir que estas conquistas no se pueden dar por sentado, que “otros partidos y enfoques ideológicos” podrían ponerlas en peligro de llegar al poder. Mensaje entre líneas: “nosotros o el abismo”. PSOE y PP están patrocinados por los amos del planeta y de esa sinergia idílica nace el atropello institucionalizado, que tiene preferencia sobre los partidos minoritarios.

Uno no deja de preguntarse cuál es el coeficiente de estupidez intrínseca (CEI) de la población española; imagino que elevado, rival de Ícaro en sus alocados vuelos. ¿A escasos meses de las elecciones generales llega la bajada de impuestos y el alivio subsecuente de las clases medias? ¿Veremos a la población agradecida, haciendo reverencias a la entrada del Congreso? ¿Será, en tiempo de descuento electoral, la ocasión perfecta para hacer un lavado de cara y convencernos de que hemos vencido al ominoso titán de la crisis y de que ya podemos cosechar nuestra merecida recompensa? ¿Más botas para lamer? ¿Más ingenuidad para degustar?

Pues aquí estamos anclados, sumidos en el fuego cruzado. Por un lado los triunfalistas, que alaban su propia gestión y demuestran que la humildad no es su fuerte; por el otro los opositores, que lo tachan todo de horrible y proponen métodos alternativos de solucionar la problemática actual, aunque serían incapaces de arreglar nada. Entre medias, la población, que confía en unos y otros de forma rotatoria, para ver continuamente su confianza traicionada. Y la crisis, esa crisis tan grande y tan zafia que nos aterra, sigue ahí; seguirá ahí.

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4 comentarios en “Dejando la Crisis Atrás

  1. Vamos a ver. Dice un amigo mio que está hasta las narices de una expresión cada vez más manida, el “esto es lo que hay”. Pues no, esto ni es lo que hay y será lo que la gente quiera. En primer lugar NO es verdad que solo se puede actuar en el modelo económico tal y como se viene haciendo. La historia reciente, en el pasado SXX nos enseña que prácticas como las actuales dieron lugar a situaciones terribles y que, otras contrarias, inspiradas en un modelo de desarrollo sostenido y en el estado del bienestar resultaron exitosas, aún sus defectos y virtudes. Y de hecho así se vino funcionando en el occidente europeo hasta la consolidación de la ortodoxia liberal a mediados de los 90, con las consecuencias que ya conocemos.

    Lo que ocurres es que existe un profundo desconocimiento de esta cuestión por parte del pueblo y de forma manifiestamente interesada por la gran empresa y las entidades financieras. De hecho, para mucha gente ese periodo de vehemencia consumista 1997/2007, en el que en España gobernó José Mª. Aznar fue un momento extraordinario para el país y no es consciente de que es precisamente es ese modelo el causante de la crisis. Y que la persistencia en el mismo basado en la depreciación de los salarios y el recorte de lo público es lo que está haciendo que esta crisis sea tan dura e interminable.

    ¿Cómo se cambia eso? Hombre, fácil no es. Pero lo primero es que el pueblo debe saber el cómo y el por qué de todo esto por lo que ya se encarga la industria mediática de o bien manipularlo o bien de taparlo como sea. Luego el primer paso es que el pueblo sepa de verdad y se ha avanzado mucho en estos últimos tiempos, con la irrupción de plataformas como Podemos, Ganemos o STOP Desahucios entre otros, buenos comunicadores a través de determinados medios de comunicación e incluso a través de las redes sociales como… nosotros mismos -modestia aparte-.

    Cambiar el poder desde fuera, en cualquier caso no es fácil, Quizá incluso mucho más difícil que desde dentro por cuanto los grandes partidos ya disponen de la estructura suficiente para poder gobernar y para cambiar este aberrante modelo. Solo es preciso cambiar las personas y renovar las ideas. QUE NO ES POCO!!! Y es aquí donde surge el problema.

    Pero poder se puede!!! Y no podemos cejar en el empeño. Las revoluciones han marcado la historia del mundo para bien y para mal, que duda cabe. Y aunque no se trata ahora de echarse a las barricadas pero sí que hay que hacer el ruido suficiente para que la gente, el pueblo, se de cuenta de que hay otra manera de hacer las cosas. Y entonces, verás como cambiarán. Échale un vistazo a casos como los de Islandia o Ecuador. Cada uno a su manera hicieron hace bien poco su revolución y en Islandia, por ejemplo, hoy ha vuelto a gobernar uno de sus partidos tradicionales completamente renovado. Y ahí están y funcionando cada vez mejor.

    Joder, me he pasado cuatro pueblos. Esto más que un comentario parece un post en si mismo.

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  2. Bueno, en efecto ganar tiempo ya es algo, pero por otro lado pone en entredicho las promesas electorales que hablan de cambio radical de un día para otro. Yo soy realista y sé que las cosas no se pueden cambiar en 24 horas, pero muchos sí lo piensan y ante las negativas europeas a dar el brazo a torcer, Syriza se puede desinflar en pos de populistas muy peligrosos como Amanecer Dorado.

    Puedo entender que el cambio es posible, pero también considero que la situación del siglo XXI no es comparable a la de los siglos pasados. Hoy en día, las nuevas tecnologías han pavimentado el camino para un mundo globalizado y totalmente vigilado por órganos de control como la NSA, que tiene los códigos de todas las tarjetas SIM del mundo, así como compañías de tecnología como Lenovo que han vendido ordenadores con código malicioso instalado de serie.

    En el presente, y sumidos en esta tesitura orwelliana que es mucho más aterradora y real de lo que incluso los conspiranoicos creemos, cualquier atisbo de resistencia o revolución -incluso pacífica-, será tergiversado y reprimido en tiempo récord. Ya no existe la libertad del anonimato ni la posibilidad de escaparse al aparato policial del sistema; las ideas tienden a una uniformización que esconde el interés del capital por encima del social, y que a la par está asentando las bases de un futuro control poblacional, cuando los recursos escaseen y las cosas se pongan peliagudas.

    Cuando un nuevo grupo obtiene el poder, se producen cambios superfluos que aplacan a la población y permiten al sistema continuar un poco más hacia delante, pero la esencia no cambia. La esencia es que siempre habrá humanos “poderosos” que pisotearán a humanos “débiles”, y la ilusión de poder elegir a nuestro gobernante no nos hace libres. No hay mayor esclavo que el que se cree falsamente libre.

    Yo así lo veo; me gustaría creer que Podemos o quien sea puedan cambiar las tornas y poner los primeros ladrillos de un futuro mejor, pero el tiempo los doblegará o los corromperá. Ocurre siempre. Al menos, podremos quedarnos con las pequeñas conquistas que se produzcan entre medias.

    Un saludo.

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