A Vueltas con el Machismo

En los últimos tiempos el fenómeno del machismo parece estar renovando su presencia, o así lo atestiguan los medios de comunicación al denunciar hechos bastante lamentables que han tenido lugar entre las filas del ejército o en los campos de fútbol. Los hombres y mujeres de España semejan haberse quedado en el franquismo, con esa enclaustrada figura de la mujer dedicada a la cocina y a la crianza de los hijos como modelo de virtud. Los periodistas se muestran asqueados y sorprendidos en las tertulias de esta espiral de retroceso, aportando datos y testimonios que confirman la progresiva idiotización del vulgo.

Escuchar a ciertos exponentes de los partidos políticos que gobiernan esta nación podrida deja bien claro cuál es la tendencia predominante, si bien el grueso de la población confía en esas formaciones y les vota con frenesí cada cuatro años, sorprendiéndose poco después de la instauración de medidas machistas que relegan a la mujer al hogar o de la invasión religiosa (eminentemente retrógrada y machista) en el sector educativo, tema que ya de por sí daría para ríos de tinta. Tampoco ayuda el ADN rancio de otros sectores, dominados por hombres tradicionalmente, que de forma velada ponen en entredicho la valía femenina mientras por el otro hablan de paridad laboral, que jamás se concretiza en los contratos, ya sea porque las mujeres pueden quedarse embarazadas o porque, pese a ello, son más eficientes que un gilipollas demasiado preocupado por el aspecto de su peluquín burgués. Paridad my ass.

Los informes dicen que las mujeres cobran menos realizando el mismo trabajo, detalle en absoluto novedoso que salta a primera plana de tanto en tanto, mas la ley que tan enconadamente defiende igualdades y derechos parece no interceder lo más mínimo en tales asuntos (y no es el único frente en el que falla). ¿Acaso los ministerios no tienen órganos o agentes dependientes de ellos que puedan salvaguardar la aplicación de esa paridad constitucional? ¿Acaso al revisar los contratos que las empresas remiten a la Seguridad Social no existe una criba para cerciorarse de que no hay una discriminación injusta a favor de los hombres? No, me olvido de que gobiernan los esbirros del capital, y si pueden esquilmar cinco céntimos en el sueldo de un neo-esclavo, matarán por ello; la paridad se la sopla.

Por supuesto, las repetidas críticas de los medios de comunicación al machismo pierden un poco de fuelle al ser, precisamente ellos, un modelo de machismo como pocos existen en el mundo. La mayor parte de sus empleados enfrente de las cámaras son mujeres, todas ellas inmaculadamente maquilladas y vestidas con el objetivo de resultar bellas a la vista; ¿cuántos azafatos habéis visto vosotros en los programas? La cifra está entre 0 y -1. Sus anuncios con frecuencia enseñan mujeres esqueléticas que, no obstante, promocionan cremas reductoras o mejunjes para tratar una celulitis inexistente en la modelo exhibida. Las series y películas que inundan la parrilla televisiva tampoco se quedan cortas al condenar, primeramente, la obesidad a una mera posición de comedia y, en segundo lugar, a recurrir a la figura de mujeres florero cuya trascendencia es la de ser simple recompensa del héroe o acompañante de hermoso empaque.

¿Dónde está el machismo? Me refiero a que es fácil simplificar y pensar que el machismo es que los hombres les digan piropos a las mujeres por la calle, lo que algunas consideran una falta de respeto, o que el genero masculino pretenda encerrar a todas las féminas en la cocina para evitar un golpe de estado y perder el control de este tinglado patriarcal en descomposición. Hay mucho más allá de lo evidente, de la diferencia salarial, del sentido de propiedad que tienen algunos hombres respecto de sus esposas, etc. El machismo también implica la divulgación de un concepto de mujer irreal y exclusivamente atribulado por cuestiones de belleza, hueco, de adorno, que jamás se entromete en temas de importancia que “no podría comprender”.

Aquellos que tan a viva voz critican la diferencia salarial, luego incurren sin darse cuenta en acciones sutiles pero flagrantes que incentivan incluso más la perpetuación de esta discriminación, como puede ser la aceptación de valores religiosos obsoletos, la crítica ácida a las mujeres liberales -quizá por envidia-, o la sumisión imperecedera a un macho cabrío que las zarandea cada vez que salen de casa sin presentar justificante. De ahí que no sea extraño encontrar entre los forofos de un equipo de fútbol a mujeres que insultan a una linier, instándola a cambiar el palo de su banderín por el palo de una escoba. Cuando ni las propias mujeres se hacen valer o respetar, y participan tácitamente en su desintegración como ser de excepcional valía, el machismo naturalmente prevalecerá.

En esta vida ser consecuente es complicado, pero en ciertas materias hay que mantenerse inflexible y trabajar el problema desde el ángulo de mayor impacto, que es la educación. También sería imprescindible reescribir las reglas de los medios de comunicación y del sector audiovisual en general, incluyendo series, películas, música o videojuegos, y desterrar el catolicismo de nuestras aulas, puesto que el estado español es aconfesional y, con la ley en la mano, lo que está haciendo el desgobierno del PP es ilegal (convertir religión católica en asignatura computable para la media). Lo que no podemos hacer es participar en la mascarada, sin razonar, sin pensar, escribir leyes y tomárnoslas a la ligera, aceptar ciegamente las directrices restrictivas (deberes) y soslayar las que nos otorgan derechos, y luego sorprendernos de que nos hemos convertido en una nación de cavernícolas que viola a sus mujeres y lo considera un derecho conferido por los dioses.

Hay mucho ruido, mucho humo, pero el camino está delante de nuestras narices. Al que sabe leer entre líneas, la realidad le parecerá una espectáculo estruendoso; lamentable y ridículo a partes iguales. Ignorancia.

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2 comentarios en “A Vueltas con el Machismo

  1. Con lo de los sueldos los has dejado más que claro. Es pura hipocresía, si quisieran atajar las diferencias de salarios lo harían enguida, sin más problemas. Es el caso típico de la falsa polémica, que a veces sacan a escena para entretener a la gente, cuando no tienen otra cosa de qué hablar. La sociedad sigue siendo machista, y los dirigentes los primeros; si hasta son racistas, como bien prueba Merkel, cuyo racismo contra los países del sur clama al cielo. Nazismo puro, pero con otro nombre, con nuevas máscaras.

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  2. Ya ves, y es una cuestión evidente y pública, pero que nadie combate. De nada me sirven las palabras o las leyes si luego el gobierno no vigila que se apliquen, y no lo hace, porque si lo hiciera no habría diferencias salariales entre hombres y mujeres al realizar el mismo trabajo. Son todos una panda de hipócritas. No es sorpresa.

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