El Control Poblacional

A menudo, cuando hablamos de sociedad, política o economía, sacamos a colación toda una batería de argumentos ligados al consumo, a la producción de bienes y a su posterior venta. Las leyes promulgadas por los gobiernos son, en resumen, regulaciones para ese mercado -global- de bienes y servicios, así como de todos los derechos y deberes humanos que emanan del ciclo de producción, y que no estarían ahí de no ser estrictamente necesarios para mantener un cierto orden social.

Cuando los grupos dominantes o los políticos hablan de educación, libertad de expresión y cualquier otro derecho fundamental que se te pueda ocurrir, se están refiriendo a la mera capacitación instrumental del vulgo para desarrollar tareas fabriles u obedecer órdenes, consumir los productos previamente elaborados con cierta independencia y sostener el complejo entramado que sirve de base a la civilización, de ahí que la educación se haya tornado en un tutor utilitario que promueve el ordenamiento mecánico por encima del artístico y espiritual (con excepciones).

Podríamos caer en el error de considerar que el sistema, tal y como está establecido, camina hacía el crecimiento infinito, o al menos persigue esa meta sin denuedo. En efecto, los flujos de producción y la tasa de extracción de recursos semejan indicar una tendencia que no contempla la posibilidad de que las materias primas se agoten algún día, y el grueso de la población y de las empresas ignoran deliberadamente el daño medioambiental que se está produciendo. Sin embargo, los gobiernos -y otros poderes de carácter internacional- llevan décadas luchando contra esta peligrosa burbuja de expansión humana.

Ya en los años 60 algunos políticos americanos propusieron medidas de control poblacional, lo que a la postre pasaría a formar parte del currículo oculto de la política estadounidense y europea (y no olvidemos que ya era, por así decir, un objetivo de los nazis); los chinos también son conocidos por su ley de un solo hijo. Y es que los poderosos son plenamente conscientes de que tenemos un grave problema de sostenibilidad a corto plazo, que no habrá sitio ni alimento para todos -y mucho menos agua-, especialmente si seguimos reproduciéndonos exponencialmente.

Dicen las malas lenguas que en las campañas de vacunación, en las medicinas, en los alimentos… incluso en el aire, los organismos gubernamentales han estado liberando compuestos que “esterilizan” a la población, cosa que por otra parte no sería nada de extrañar, por no hablar del estrés y las ondas electromagnéticas que nos asaetan continuamente.

Si bien se habla de incentivar el consumo o mejorar la competitividad de las empresas, eso solo es cierto hasta un determinado punto, porque no interesa favorecer en exceso un problema potencial a corto plazo. De ahí nacen las inexplicables medidas de austeridad y la represión social hasta cotas inverosímiles. Para “ellos”, esas medidas SÍ tienen lógica y son imprescindibles.

Mientras no exista la posibilidad de colonizar otros planetas o la superficie submarina, la humanidad vivirá atrapada entre dos esferas que se solapan: la esfera del consumo, externa y superficial, que habla de la inmediatez, el placer sin consecuencias y la bulimia consumista, y la esfera de gestión poblacional, que busca una forma de disminuir la carga de los ecosistemas (y no por amor a la naturaleza, sino por pragmatismo puro y duro).

Para lograr esto último, serán capaces de guerras y genocidios masivos. Aunque esta entrada es una simple opinión de un bloguero sin más, considero que la tendencia está ahí y que los objetivos llevan muchos años prefijados; para ellos, no somos nada; manejar a la masa no entraña mayor dificultad que manejar a un rebaño de ovejas.

Como viene siendo habitual, la plebe pagará las ocurrencias de la aristocracia y sufrirá sus deseos de perpetuarse a costa de cualquier vida ajena a las élites; llegado el punto de no retorno, el consumo o la competitividad importarán menos que un comino. Tener mucho dinero o poder ayudará a aguantar un poco más sobre el tablero, pero eventualmente la partida se acabará para todos. Quizá algunos de los mecanismos de regulación poblacional que pongan en marcha se les escapen de las manos… aunque eso, solo el tiempo lo dirá.

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7 comentarios en “El Control Poblacional

  1. Para mí no hay duda de que habrá una reducción drástica de la población en un momento dado, el cual que creo que coincidirá con el agotamiento del petróleo.
    En una granja, si las vacas dejan de producir leche el granjero las manda al matadero.
    Aquí ocurre lo mismo, cuando los consumidores dejemos de poder consumir (porque ya no habrá materias primas) nos enviarán directos al matadero.
    Y este matadero será una guerra, una pandemia, un genocidio…

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  2. Os recomiendo la serie Utopía. Aunque es una serie de ficción, la verdad es que habla de un mundo en el que ocurren este tipo de conspiraciones, y se centra especialmente en la sanidad y la alimentación. Al caos que ocurre de forma espontánea, se le suma el caos intencionado. Malos tiempos.

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  3. Puede que no esté en español, pero siempre puedes tirar de subtítulos. Con el programa que yo uso en Linux, SMPLAYER, hay una opción que te permite bajar directamente los subtítulos en castellano y sincronizados con el vídeo. Si no te los mando yo por correo.

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