Izquierda, Derecha y Centros Difusos

Izquierda y derecha son direcciones, caminos paralelos, ramales distintos de un mismo sendero que se bifurca de improvisto pero que lleva al mismo destino. No las considero orientaciones ideológicas, por mucho que desde la aparición de los partidos políticos se insista en esta burda clasificación, a modo de primitiva herramienta de categorización del electorado y del pensamiento. Es muy importante determinar quién pertenece a según qué grupos, a ojos de los mandatarios, y en ello emplean sus enconados esfuerzos, no vaya a ser que favorezcan por error a un “enemigo”, pero para mí, como digo, esto es un fracaso y una demostración de su frugalidad de razonamiento.

Cogiendo, no obstante, estas dos caras de la misma moneda para un posterior análisis, comprobamos que suele asociarse la izquierda a los partidos progresistas, de ideas abiertas y flexibles, que buscan la igualdad entre hombres y mujeres, entre ricos y pobres. Por el contrario, la derecha establece el esqueleto de su estructura en los feudos del conservadurismo, en que todo siga igual, para bien o para mal (conservar, mantener, aunque apeste a podrido).

Ocurre que el tiempo desdibuja las líneas. Llegan crisis sistémicas y se demuestra que unos y otros no son tan distintos en realidad, que en su esencia gobiernan con los mismos objetivos en mente, para los adinerados y las compañías internacionales. ¿O quizá fue el poder lo que cambió sus pretensiones iniciales? No se sabe. En consecuencia, brotan de la nada partidos que tratan de desmarcarse de la dicotomía izquierda-derecha, aprovechando los bajos ratios de aprobación popular, y empiezan a hablar de “arriba-abajo”, tratando de transformar el debate en otro muy parecido, pero que no es exactamente igual; por ello tienen calado y éxito. Si le hablas a un oprimido de desbancar opresores, se unirán a ti sin dudar.

Sea cual sea la postura política que tomemos para nuestro escrutinio, necesita un opuesto para justificarse, un enemigo que batallar cada día pero que, en los últimos momentos del atardecer, se convierte en un viejo amigo, conocido de toda la vida, con el que las animosas discusiones diurnas dan lugar a un ambiente distendido de cordialidad y afecto. Ningún sistema de gobierno, sistema militar, sistema religioso, etc., puede sobrevivir sin un “enemigo” que amenace sus valores o su forma de vida, aunque secretamente sea hermano de sangre. Es imprescindible la elaboración o búsqueda de un rival al que desprestigiar o combatir, para distraer la atención del pueblo y polarizar todas las medidas emprendidas por el ejecutivo de turno. Tener un enemigo es gasolina para el motor político.

Del mismo modo que encontramos partidos que aceptan sin ambages el sambenito de “derechista” o “izquierdista”, “anticasta” o sucedáneos, y que se turnan en el papel de “enemigo”, otros prefieren dejar sus enseñas en el limbo y jugar la carta del camaleón. No porque no crean en los colores políticos, sino porque prefieren que cada votante crea lo que considere oportuno o, mejor dicho, prefieren que ningún votante sepa cuáles son sus auténticos colores. Es una táctica de adaptación muy útil para recaudar votos de los indecisos o de los que se encuentran en terrenos parcialmente neutrales, si bien crea cierto aire de confusión sobre lo que podrían llegar a hacer en un futuro (imprevisibilidad).

Me fijo por ejemplo en Ciudadanos, que está de moda, y me sorprende leer por Internet o ver en los programas de televisión que se califica a esta formación de partido de centro-izquierda. Yo llevo escuchando a su líder durante meses, he visto entrevistas en televisión, he observado sus propuestas… y, damas y caballeros, son propuestas de “derechas”; no es nada malo, pero parece que la gente no lo entiende. Su actitud ante los inmigrantes o sus propuestas relativas al IVA dejan bien claro de qué va la cosa: largar a los sin papeles y que paguen los mismos impuestos los mendigos que van a por un cartón de leche que los millonarios con Ferraris en el garaje (al unificar los tipos de IVA).

Desde hace unos meses he visto su ascenso imparable y creo firmemente que se van a llevar el gato al agua por encima de Podemos, cuyo programa es algo más arriesgado y lacerante para la población. La gente es muy pródiga a vitorear revueltas, pero luego todos llevamos un pequeño reaccionario dentro y preferimos los cambios progresivos o, incluso mejor, los cambios que no se notan. A pequeños bocados. A sorbos. A… mejor déjalo tal y como está; que todo siga igual. Si una idea resulta familiar, pero ligeramente “nueva”, aunque no sea perfecta tendrá más visos de ganar aprobación que un “coletas bolivariano comunista” que amenaza con romper con todo de cuajo.

Por eso izquierda y derecha, arriba y abajo, son etiquetas inútiles en el fondo, ya que el núcleo primigenio de la política se guía por el pensamiento único; son palabras que facilitan el discurso pero no influyen en el enfoque de gestión gubernamental. Lo que determina a los gobiernos humanos es el afán de conservar y sumar capital, crecer y consumir; su manejo de los caudales monetarios ya depende de si sobra o falta dinero, no de sus supuestas creencias partidistas, que doblegarán sin pestañear ante suculentas sumas de dinero.

Anuncios

2 comentarios en “Izquierda, Derecha y Centros Difusos

  1. Excelente artículo. Poco queda por añadir. Ganarán los de siempre, porque los de uno y otro bando son en el fondo los mismos. Es como cambiar el blanco por el blanco. Al final sigue siendo blanco (aunque nos lo quieran pintar con otro color).

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s