Ruido Electoral y Remedos Democráticos

Ya falta menos para la próxima visita a las urnas y el ambiente electoral se deja notar: un sinfín de carteles ha brotado por arte de magia en farolas y muros, esgrimiendo sus clásicos y huecos mensajes de positividad y compromiso político, con el rostro sonriente de turno; no nos olvidemos tampoco de los voceros ambulantes que, paseando sus grabaciones electorales a todo tren, repiten musiquillas vomitivas y mensajes todavía más distantes y surrealistas que los vistos en los carteles.

Se acercan las elecciones y los líderes de los distintos partidos políticos necesitan nuestros votos para “reinar” según les convenga -tradicionalmente, para enriquecerse y prosperar a título personal-. A causa de la crisis se han materializado en el inmenso tablero de ajedrez otros partidos minoritarios, con voces discordantes y estrategias más cercanas al vulgo, que optan por las redes sociales y los programas televisivos para difundir su credo, pero que en esencia no se alejan tanto como quisieran de los partidos tradicionales. ¿Son quizás meros adláteres de esas rancias formaciones que exudan corrupción y miseria? ¿Son sustitutos planificados para simular transformación? El tiempo dirá.

Naturalmente, en los ambientes rurales se prefiere el manido truco de pedir el voto puerta por puerta, prometiendo caminos mejor asfaltados o incluso puestos de trabajo para los más jóvenes. Y de los jóvenes nadie se olvida, porque los partidos políticos son los primeros en buscar relevos entre la juventud para moldearlos a imagen y semejanza de los viejos ídolos, mientras se escenifica una burda “renovación o regeneración de ideas”.

No obstante, ¿qué cambiará con unos u otros, ahora o más adelante? Analizando la historia en retrospectiva, parándonos en los reyes, los emperadores, los comunistas, los capitalistas, el clero, los nobles, los burgueses… se encuentra siempre la división social entre opresores y oprimidos. Acaso el éxito de la democracia consiste en convencer al oprimido de que tiene potestad para injerir en la voluntad del opresor, lo cual es una concepción artificial y rebatible.

Tal lucha de clases es el leitmotiv de la historia y de la sociedad en líneas generales, mezclando a partes iguales las necesidades económicas de las susodichas clases y las pretensiones ideológicas de los grupos de poder. Que unas pocas formaciones traten de modificar el discurso para establecer una rivalidad derecha-izquierda, arriba-abajo, nuevo-viejo, etc., tiene poco de útil y mucho menos de honesto. Pues no es menos cierto que lo que hoy es nuevo, si llega a reinar, pronto se convertirá en viejo y se granjeará enemigos en las generaciones venideras.

El poder envejece mal, se enquista, como un tumor, y rara es la ocasión en la que cambia de manos sin medidas drásticas de por medio. El turnismo político que llevamos sufriendo más de 30 años podría convertirse ahora en un turnismo a 4 bandas -o más-, pero, ¿qué cambiaría? Para el “oprimido”, nada. Los trabajadores seguirán esclavizados por los antojos del capital y sometidos a las idas y venidas de sus mantras, “competitividad, eficiencia y productividad”; excusas para doblegar la ley y sangrar más a la población.

Una recuperación o una depresión económica, salvo en una autarquía, no pueden atribuirse al ejecutivo en el poder, y mucho menos cuando lo único que hace es empujar en la misma dirección que todos los demás países de su entorno -cosas de la globalización-. Los gobiernos de paja que tantos enfrentamientos suscitan entre los ciudadanos mandan más bien poco, sin que estas palabras signifiquen que comulgue con el PP o el PSOE. Ellos son títeres que están aquí para recibir el primer impacto del descontento popular y distraer la atención con trifulcas sin enjundia; su función es de “contención”.

Lo ideal sería que en estas elecciones se diese cabida a enfoques distintos que promuevan una verdadera regeneración democrática, más participativa, y que del mismo modo se preocupen sinceramente del medio ambiente y de los animales que habitan este planeta extraviado en el cosmos. Adalides de un futuro más justo y libre, que no más fácil, que la ética nos obliga a conquistar.

Más de lo mismo, o un poco más de lo mismo, redundaría en una burda imitación de democracia; seguiríamos atrapados en un círculo vicioso sin beneficios objetivos. Conviene pensarlo detenidamente.

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4 comentarios en “Ruido Electoral y Remedos Democráticos

  1. Muy bien pintado el panorama de antes y de después. La democracia, tal y como la han montado, es un burdo timo, el timo de la estampita. Votas a la izquierda o a la derecha (bipartidismo, por favor; y al que se salga de ahí le mandan los carros de combate de la Otan), y a fin de cuentas hacen lo mismo, es decir, política de ultraderecha, que favorece a la élite parásita, tanto de ámbito local como internacional. Los dirigentes locales son meros delegados que obedecen órdenes; pero, untados hasta la ceja, no tienen ningún escrúpulo en vender el país, ciudadanos y recursos, como si fuera un lote al por mayor. Este es el mundo de fieras de nuestros amigos los capitalistas. Denuncia esto y te llamarán, acto seguido, “paranoico” o “conspiranoico”. Lo tienen todo atado y bien atado estos nazis de m… Y cuando digo nazis me refiero a que los empresarios de las multinacionales actúan como si fueran nazis; si no lo son, actúan como tales, con lo cual son de facto nazis.

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  2. Por eso la diferencia entre capitalismo y comunismo no es tal, por ejemplo; ambos sistemas actúan de forma muy parecida: grupos de élites que controlan a la población. Puede que en unos sistemas el control sea más evidente y en otros más sutil, pero está ahí, y cualquiera de ellos persigue lo mismo, que es el expolio, la dominación. Ante tal panorama, no sé cuál es la salida.

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  3. Y hablando de esto, una profesor me dijo que me fuera a vivir con los pigmeos, pero que no creía que fuera una buena idea. El problema es, digo yo, que los capitalistas han destruido la tierra de los pigmeos, que se ve asolada por la contaminación y el expolio que realizan las multinacionales. Los capitalistas siempre te dicen lo mismo: Si no te gusta, emigra. Pero, ¿queda algún sitio que no esté controlado por los capitalistas? Y, como bien dices, el comunismo no es más que la versión B del capitalismo.

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