Los Homófobos son Conservadores Frustrados

Parece mentira que en pleno siglo XXI todavía existan países que consideran ilegal o “irregular” la homosexualidad, y ya no digamos el matrimonio entre personas de un mismo sexo o la adopción de menores por parte de tales parejas. Imagino que las religiones tradicionales no han favorecido precisamente la libertad de expresión, puesto que todo culto religioso tiene más de restrictivo y retrógrado que de espiritual.

Aunque no conozco personalmente a ninguna persona homosexual y provengo de un entorno bastante anticuado a nivel de valores, jamás me ha supuesto ningún problema aceptar que cada uno es libre de hacer lo que quiera y que no está obligado a dar explicaciones a nadie. En materia familiar o de relaciones personales, lo que cuenta es el afecto y el respeto mutuo, lo demás son milongas. Y este enfoque, al parecer, no es compartido ni por los estados nacionales ni por ninguno de los grupos de conservadores frustrados que tratan de manipular las leyes para adaptarlas a su visión cejijunta, estrecha y rancia del mundo.

Todavía hoy, en el día a día, se observan con aborrecible frecuencia comportamientos violentos o despectivos hacia los gays, a lo largo y ancho del mundo. Grupos de personas embrutecidas por la ignorancia, el odio y la intolerancia, arremeten contra los que son diferentes y tratan de anularlos hasta el punto de darles palizas, con no sé qué idea loca metida en la mollera de lo que se supone “correcto y moral”. Ni que fuese contagioso, oiga.

Quizá deberíamos puntualizar que lo “correcto”, desde una perspectiva sociocultural, es simple y llanamente lo “estándar”, lo que hace todo el mundo, lo “bien visto” por un determinado conjunto de ignorantes poblacionales… Sí, como apoyar las guerras, despreciar a los necesitados, contaminar el medio o expoliar recursos. ¿Eso lo hace mejor? ¿El hecho de que una multitud apoye unas ideas “estándar” las convierte ipso facto en correctas? Para el lector que zozobra dudoso ante tal cuestión filosófica, recomiendo abrir los libros de historia por la parte del nazismo; muy ilustrativo. Como lectura opcional, el episodio de la Inquisición Española es también muy entretenido.

Desde mi punto de vista, opino que el odio y el desprecio que los retrógrados albergan hacia los homosexuales quizá no se debe a sus valores de conciencia alterada “jesucristiana” o a su perspectiva viril de los machos, aunque innegablemente participa en su locura colectiva. Creo que todo se reduce a miedo a lo diferente, a lo desconocido; o envidia. Miedo o envidia a aquellos que son distintos y sin embargo libres, capaces de luchar por lo que quieren, dispuestos a recorrer sus vidas tal y como han elegido, sin plegarse a concepciones arcaicas impuestas por órganos de autoridad inflexibles y simiescos.

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Tal visión de miedo o envidia es igualmente aplicable hacia los que abortan, rechazan la concepción clásica de la familia, el matrimonio, etc. Estas personas irreflexivamente conservadoras, como digo, han elegido una vida llena de restricciones artificiales y un código de valores tan inverosímiles que la infelicidad es la consecuencia lógica. Entonces, no son capaces de aceptar que otros sean felices sin pasar por la piedra que machaca toda esperanza y alegría. No aceptan que otros no hayan elegido “prisión” como forma de vida.

Ya para ir acabando, comentar que, por desgracia, estos conservadores de atribulada existencia tienden, paradójicamente, una inclinación altísima a tratar de influir en las leyes y, por extensión, en lo que es socialmente “correcto”. Mientras que una persona pacífica, liberal o flexible acepta cualquier ideología y no se entromete en menesteres ajenos, incluso cuando no está de acuerdo con ellos, el retrógrado perfecto jamás aceptará al que piense diferente, por considerarlo un error, un enfermo, una amenaza a su propia forma de vida. En paralelo, se sentirá con la obligación moral de “curar” a los enfermos, de corregir sus desviaciones, en un más que posible ejercicio de negación propia.

¿Quién tiene la culpa de esta actitud? La religión, la educación familiar derivada de la religión cultural predominante -monoteísmo casi siempre es igual a retrógrado-, la educación reglada derivada de un catolicismo histórico muy arraigado en la población, los medios de comunicación con sus clichés ocultos… En resumen, personas o grupos de personas que se han quedado en la época de Franco, como poco, y desearían secretamente la vuelta a un glorioso régimen dictatorial, donde las libertades personales son potestad de los piadosos y los enemigos de la virtud se pudren en celdas polvorientas. Gente anacrónica, alérgica a la democracia, que se resiste brutalmente a que los tiempos cambien.

Una panda de idiotas ignorantes frustrados… que seguirá creyéndose con la verdad. Una lástima.

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