El escándalo de Volkswagen y una forma de vida suicida

Esta semana nos sorprendían los medios de comunicación con una noticia que ha desembocado en una de las bajadas bursátiles más escandalosas de los últimos años (descensos cercanos al 30% en las primeras horas): Volkswagen, el conocido fabricante de coches que, si no recuerdo mal, se encuentra entre los 3 principales motoristas a nivel mundial, había adulterado sus motores para que emitiesen una cantidad reducida de contaminantes durante las pruebas de medición oficiales.

La EPA (la agencia de protección medioambiental estadounidense) detectó el chanchullo, asegurando que los vehículos de la marca -de una especificación concreta- llegaban a contaminar hasta 40 veces los valores falseados. Tal modificación se conseguía poniendo el coche en un modo “test” especial que generaba menos emisiones, las cuales no se correspondían en absoluto con el volumen generado en condiciones reales.

Forzada por el descrédito y la espinosa situación, la compañía de coches tuvo que reconocer que se habían adulterado hasta 11 millones de vehículos en todo el mundo, aunque al principio se pensaba que era un caso circunscrito a los Estados Unidos; ahora se prevén cuantiosas pérdidas económicas para la marca durante este año, además del daño infligido a su imagen corporativa y el inicio de los correspondientes procedimientos legales que ejecutarán los estados afectados.

Pero, ¿de qué nos extrañamos? Un mundo conducido por la avaricia y regido por leyes moldeadas a voluntad por los poderosos para contentar a las esferas económicas redunda en situaciones como la que nos ocupa: se engaña deliberadamente a las instituciones y a los consumidores a costa de ordeñar a la población y destruir el medioambiente con impunidad; no es un modelo sostenible, pero no importa: es rentable. Dicho de otro modo: lo verdaderamente extraño es que Volkswagen haya sido la única compañía que recurrió a estratagemas tan poco éticas, cosa que está todavía por ver.

También podríamos aprovechar la ocasión para defender vehículos alternativos, como el coche eléctrico, pero haríamos mal al obviar que la electricidad sale de algún lado, y que si para generarla recurrimos a combustibles fósiles o energía nuclear, pues no conseguiremos un avance significativo respecto del automóvil clásico. Hay que desarrollar la tecnología y potenciarla para que sea eficiente, segura y limpia, pero como paso intermedio quizá la sociedad debería organizarse de modo que el desplazamiento en vehículos sea reducido a lo estrictamente necesario, para aprovisionamiento local o cuestiones de imperiosa necesidad. Es decir, “ayudar” en la transición de tecnologías con una transición de valores.

Tendríamos que acabar de una vez por todas con el “coger el coche para ir a la esquina a por el periódico”, cosa que por desgracia no ocurrirá mientras el petróleo siga dominando tantas almas en el mundo y los valores sociales que se propagan mediante la publicidad sigan ensalzando la figura del coche y la extraña libertad absoluta que conlleva su posesión. ¿Pero qué libertad? El coche es el ladrillo ideal para meter en la mochila de un pobre trabajador: se pasará la vida empujando para sostenerlo; no se moverá del sitio. Combustible, mantenimiento, seguro anual, impuesto de aparcamiento anual… ¿Cuánto puede gastar una persona a lo largo de su vida en coches? La cifra es estratosférica y a buen seguro supera el precio de cualquier vivienda.

En resumen, los estados nacionales pueden y deben remodelar sus ciudades para incentivar el tránsito peatonal o en bicicleta, aglutinar los centros de producción o los servicios públicos para evitar desplazamientos prescindibles, reeditar los códigos de circulación vial y adaptar a los nuevos tiempos la señalización (con semáforos inteligentes, por ejemplo). Todo sea por lograr un futuro que, a lo mejor, estos cazurros quieren destruir de otras maneras. Nunca se sabe con los suicidas.

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4 comentarios en “El escándalo de Volkswagen y una forma de vida suicida

  1. Lorenzo dijo:

    Gran artículo. Y añadir, que seguramente en USA le han montado esto a Wolswagen para que ganen las empresas norteamericanas. Vivimos en un mundo de fieras, y ahora asistimos al espectáculo en que comienzan a devorarse entre ellos. Previsible. Son suicidas, genocidas y no dejan, siquiera, que sus hijos vivan para contarlo.

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    • Óscar Gartei dijo:

      Los motivos que hay detrás son extraños y ajenos a nuestro entendimiento. Un grupo como VW, que incluye a marcas tan conocidas como Audi, Seat, Bentley o Lamborghini, gana poco al engañar a los clientes. Esto le puede suponer un chaparrón de pérdidas multimillonarias y la falta de credibilidad por una buena temporada.

      Pero ojo, que todas las empresas tienen sus truquillos. El sector de la banca es un buen ejemplo.

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