El Estado de la Confiscación

El Estado del Bienestar es una quimera, una invención descarada que diseñaron las cabezas pensantes para esclavizar a la población sin que esta lo sepa. Con el pretexto de mantener unos servicios públicos básicos, que paradójicamente sufren recortes año tras año, la población es sometida a gravámenes cada vez más abusivos y confiscatorios. Esta deleznable situación se torna rayana en lo feudal cuando nos metemos en la transmisión de herencias y observamos que comunidades autónomas como la gallega expolian a las familias sin reparos.

Vaya por delante que hablar en público, especialmente en la red, es peligroso en este Estado policial que se ha marcado el ejecutivo del PP, por lo que toca reflexionar con mesura y un lenguaje fino y apropiado a las circunstancias y al estado del derecho, esto es, sin incurrir en improperios malsonantes o referencias explícitas a la procedencia y linaje de algunos representantes políticos.

Aclarado este detalle estilístico, habremos de proceder con el asunto principal de la entrada, que es la política impositiva del estado español o, de aquí en adelante, el CONFISCADOR. El confiscador elaboró en el año 1978, con la intervención de todos los agentes sociales, una serie de reglas que habrían de regir el día a día de los ciudadanos españoles. Una de esas reglas, aparentemente orientativas, especifica que los impuestos nunca habrán de ser confiscatorios, sino justos y adecuados para sostener los servicios públicos y otras cuestiones estatales.

En la mismísima Carta Magna también se esbozó la futura confección del país, garantizando la categoría de nacionalidad histórica a algunas regiones y sentando las bases que regirían en un futuro ciertas competencias transferidas a las autonomías. Con el paso de los años, la calidad de vida de los habitantes autonómicos no experimentó mejora alguna, sino la adhesión subrepticia de nuevos impuestos a los ya de sobra conocidos de carácter nacional.

Así, un pobre ciudadano, en adelante EL DESGRACIADO (o el ZÁNGANO PRODUCTOR), que se pase la vida trabajando a destajo, tendrá que soportar una carga impositiva combinada entre la ejercida por el estado y por la autonomía de turno, siempre con la total y completa indefensión al respecto; reclamar solo acarreará más gastos. Los impuestos y obligaciones soportados se desgranan a continuación:

Suponiendo que el zángano trabaja, lo cual no siempre es así y causa asombro y pasmo cuando acaece, hemos de tener en cuenta que de su estipendio se sustrae un porcentaje para IRPF y otras cargas sociales. De un sueldo idílico en torno a los 1200 €, el zángano recibirá un neto no superior a los 990 €, siempre aplicando tipos de cotización promedio.

Con esos 990 €, el desgraciado tendrá que sufragar los costes de 1) alimentación, 2) ropa, 3) hogar, 5) suministros del hogar, 6) coche y mantenimiento del coche (seguros, combustible), 7) impuestos anuales (IBI, aparcamiento, Renta, etc.), 8) lujos (por ejemplo vivir). De todos los elementos descritos hay que pagar el IVA, cuyo tipo general asciende al 21 %, salvo en el caso de impuestos propiamente dichos. Con el saldo neto final, que generalmente no superará los 10 €, el zángano empezará a ahorrar para el futuro, quizá con un plan de pensiones, quizá en una cuenta de ahorro en una entidad bancaria, quizá con un bote escondido entre las patatas de su huerta.

Los bancos, dado que son empresas que buscan el lucro ante todas las cosas, aplicarán comisiones de mantenimiento sobre esos 10 € y rara vez pagarán intereses notables. Suponiendo que el zángano haya trabajado durante 300 años, recibido generosos ascensos y ahorrado una cantidad imposible, por ejemplo 60.000 €, incluyendo dentro de sus propiedades un piso valorado en 150.000 euros y cuatro ruedas y un volante a modo de coche, a la hora de su muerte sus herederos tendrán que enfrentarse a un problema todavía mayor: tendrán que pagar unos 30.000 € en la comunidad gallega para poder recibir la herencia (siendo en otras comunidades, como la madrileña, una cantidad mucho menor).

Todos estos datos, descontando los abiertamente cómicos (pero no por ello inciertos), demuestran que las leyes estatales y autonómicas se han confabulado para, de hecho, confiscar a los ciudadanos, de modo que todo aquello por lo que han trabajado y luchado durante sus vidas recaiga, una vez más, sobre las arcas nacionales. Dicho de otro modo, por cada euro ganado, el estado y sus adláteres sisan el 90% en impuestos simultáneos y sucesivos. Eso cuando no viene el catastro a la carga para “cobrar tasas por regularización del valor catastral de una finca o edificio”, a saber en función de qué valores, lo que incrementa el pellizco.

¿Conclusión? El Estado del Bienestar no existe, lo que existe es el estado de la confiscación, en el que todos los habitantes creen ser libres y trabajan para concretar sus sueños, pero en realidad son zánganos productores y prescindibles que el Estado vampiriza sin denuedo. Podríamos incluso admitir como necesaria esta técnica de extirpación masiva de liquidez ciudadana con el objeto de sostener los servicios públicos, pero a la vista está que los caudales se destinan a otros fines (Suiza); el dinero se lo queda el Estado para pagar la deuda o lo malgasta en hacer aeropuertos innecesarios o carreteras nuevas al lado de las viejas.

Mi consejo: échate a dormir y ganarás más. No te creas la mentira, no te creas mejor por ser un zángano productor. No eres libre. Pobre diablo.

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5 comentarios en “El Estado de la Confiscación

  1. Lorenzo dijo:

    El Estado está al servicio de la élite. Le sirve de guardián de sus intereses (la policía), de aparato de injusticia (las leyes no se aplican igual a todos) y de aparato de confiscación de bienes (como bien explicas en este artículo). Me hacen reír los neoliberales cuando dicen que hay que suprimir el Estado. Precisamente son ellos quienes lo utilizan para someter a las poblaciones a su capricho.

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    • Y lo peor es decir que esto es injusto y la gente reaccione con resignación. Si esto es así es porque se permite entre todos y no hay una coordinación ciudadana para mejorar la política impositiva del país. ¿Por qué no hacemos un estudio al milímetro de los gatos e ingresos estatales y autonómicos y ajustamos entre todos? Quizá podríamos recortar en muchas cosas y bajar impuestos en otras. Por ejemplo, ¿por qué el gobierno sigue pagando licencias multimillonarias de Windows y Office cuando hay alternativas gratuitas y más seguras?

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  2. Ostin, qué cabreo Oscar!!! Bueno, menos mal que con tu prosa habitual lo haces que quede incluso simpático. Para no ahondar en la herida -ya veo que la cosa viene por el impuesto de sucesiones- y partiendo de la base que estoy de acuerdo contigo que somos víctimas de una monumental estafa, por sacar la cara por el Estado del Bienestar, decirte que la idea que se desarrollo en su día, en el fondo sí que estarás conmigo que era acertada. El problema viene de como se ha desvirtuado eso en beneficio, como dice Lorenzo, de las élites.

    Tanto es así que, con respecto a otros países donde dicho modelo ha arraigado con mayor solidez, las cargas fiscales son muy distintas a las de España. Por ejemplo, con respecto a Suecia, mientras un ciudadano de clase media español, soporta aproximadamente el 85 % de los impuestos de un ciudadano sueco medio, cuando se trata de un españolito de clase alta, apenas si roza el 40 % de un adinerado sueco. Y es ahí donde se nota aún más la estafa.

    Un saludo.
    Nota: Sí es fácil solo hay que pulsar en la g+ y ya te sale la cuenta de Google.

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    • Óscar Gartei dijo:

      Soportar impuestos no está mal cuando ello repercute en bienestar para la comunidad. Aquí lo que pasa es que son excesivos y no están bien empleados, aunque en materia de sucesiones habría que añadir que es a todo punto un latrocinio. La tasa tendría que ser simbólica, para llevar un control, no equivaler a una mordida demencial de la herencia total.

      Pero creo que eso lo quieren cambiar, o andan dándole vueltas. A saber.

      Un saludo, me alegro de verte por aquí.

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