Las discusiones superficiales

Divide y vencerás es un lema que muchos grandes genios tácticos conocen y usan a diario, sea cual sea su ámbito de acción. Es cierto que en pleno año 2015 no se acostumbra a ver duelos a espada por las calles, ni refriegas entre grupos de infantería, pero la guerra ha cambiado poco con el transcurso de los años (de hecho, muy poco). Las mismas técnicas y tretas bélicas de antaño siguen funcionando en el presente, con la debida adaptación a las nuevas tecnologías.

Por otro lado, aunque vivimos en una sociedad globalizada, en la que parece aguardarnos en un futuro no muy lejano el concepto de gobierno mundial, sin fronteras entre países, no es menos cierto que también existe una contienda entre grupos sociales. Los grupos poderosos buscan unificar todos los pueblos de la tierra bajo su mandato y, paradójicamente, recurren al esparcimiento de valores que ensalzan el individualismo con el objeto de convertir en masas exánimes a las pseudo-sociedades terrestres. La idea es tener el mayor número de consumidores, ya sean de productos, servicios o ideas (que en cierta manera también son productos).

Mejor dicho, los poderosos siembran un intenso sentimiento de atomismo entre los individuos para que estos sean incapaces de organizarse en grupos más grandes (ya sea porque cada uno quiere tener sus propias ideas y no está dispuesto a ceder ni un palmo, ya sea porque todas las ideologías están enfrentadas en un ejercicio de cabezonería intrínseca). Los anuncios, las películas, la música, la literatura… todo ello ensalza lo bonito que es ser individual, único, alternativo, aunque nunca llegamos a ser absolutamente libres. Seguir tu propio camino es lo que “más mola”, a toda costa, pero sin que te preocupes de cambiar el sistema; para eso están las películas de superhéroes que salvan el mundo, sin que nadie tenga que hacer nada. Te educan en el desánimo, como solución te dan el individualismo hedonista (o la resignación más densa); los medios de comunicación te hablan de miedo y desesperanza a diario, pero con el cine te ayudan a olvidar y te prometen la salvación, que al final “todo saldrá bien”.

Con una sociedad en la que cada habitante cree ser libre, que es conducido únicamente por su voluntad y sus apetencias, los poderosos lo tienen muy fácil; doblegar y aplastar nuevas corrientes de pensamiento, o pervertirlas, es un mero juego de niños. Tampoco podemos olvidarnos de los radicalismos o los movimientos alternativos, que en demasiados casos son “marcas blancas” de los movimientos dominantes. En el siglo XXI, sin ir más lejos, si un supermercado ve que hay consumidores que se preocupan por el ecologismo, no duda ni un ápice en lanzar una nueva gama de productos ecológicos (la clave está en que todos los consumidores, fieles o divergentes, compren tus productos). En el mercado siempre hay un producto para una necesidad, e incluso se pueden crear necesidades artificiales (el 85% del total).

Con la política y la economía pasa un poco de lo mismo. El derecho a elegir, la independencia, etc., son cuestiones muy bonitas que destacan en cualquier declaración de intenciones; casi parece que hablan de la democracia y de nuestros derechos absolutos como seres humanos, de esa idea tan romántica que habla de emanciparse de la tiranía institucional… Pero, ¿realmente se producen cambios notables? Si el país se rompe en tres pedazos y en cada pedazo brota un nuevo cabecilla despótico, el resultado final es el mismo. En un mundo globalizado, bajo las órdenes del FMI o las apetencias de organismos similares, ni el pequeño ni el grande se libran de obedecer, puesto que no son las formaciones políticas las que deciden el devenir de una sociedad, es la economía o, siendo concretos, los grupos ideológicos que zarandean la economía para moldear a la sociedad.

Así, mientras los habitantes de los países se enfrentan entre sí por cuestiones monetarias, por la banca, las izquierdas y las derechas, la austeridad, los recortes, la religión en las aulas, el sistema de gobierno, etc., los verdaderos problemas humanos no hallan solución. Las guerras que obligan a millones de refugiados a abandonar sus hogares, guerras causadas por el expolio de occidente en primera instancia, importan lo justo, y solo en función del “incordio” que supone acoger a esos pobres sin techo dentro de nuestros hogares privilegiados. Los problemas ecológicos, tres cuartos de lo mismo: convenciones, charlas, acuerdos no vinculantes… El tren de vida actual no se detiene y la contaminación no para de multiplicarse, haya o no informes demoledores al respecto.

En conclusión, opino que como especie estamos muy equivocados. Malgastamos nuestras energías en discutir problemas superficiales, cayendo víctimas del atomismo preconizado por los grupos de poder. En consecuencia, luchamos y morimos por empresas estériles (una bandera, una religión, etc.), y no arreglamos nada. Todo sigue igual, cada día, cada semana, cada año; armas y guerras, contaminación galopante legal, racismo implícito, sexismo disfrazado; nos convierten a nosotros mismos en productos. Unos pocos valientes se esfuerzan por cambiar las cosas, pero la maquinaria los machaca con sus mandíbulas metálicas y caen en el olvido.

Pero sigamos batallando entre nosotros sobre las independencias, la crisis, la monarquía, los recortes; actuemos todos como si fuéramos entendidos en cualquier materia, y opinemos, sin ir más allá de la mera opinión. En lugar de modificar ligeramente nuestra actitud vital, nuestro ritmo de consumo o nuestra actitud hacia nuestros semejantes, sigamos haciendo lo mismo sistemáticamente, sin cambiar nada. No nos unamos, no luchemos por la humanidad como conjunto, por un futuro mejor.

Quizá, entre el desorden y el caos, entre las trifulcas de gnomo, aparezca un día un lobo feroz que nadie podrá combatir, porque ya no nos quedarán fuerzas (al haberlas malgastado en la manida discusión de galgos o podencos) ni seremos capaces de entendernos (porque cada uno hablará de lo que le interesa sin escuchar a los demás). Ojalá no llegue nunca ese día, porque a tenor de lo visto nos estrellaremos sin remedio…

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2 comentarios en “Las discusiones superficiales

  1. Lorenzo dijo:

    El futuro ya está aquí. Los peores vaticinios ya están aquí. El acto primero se cerró, de la comedia pasamos a la tragedia, pura decisión de los que mandan. Están persuadidos que la guerra, ahora, es más rentable que la paz. Así que nos lanzan a una guerra segura, y lo que viene luego: gobierno mundial de un grupo de tiranos. Es la realidad presente, pero disimulada por la televisión. Luego será la realidad oficial, sin hipocresías.

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    • Óscar Gartei dijo:

      El gobierno mundial es una realidad que veremos con el tiempo, no una ocurrencia de paranoicos como pensarán algunos. Ocurrirá, y no sabemos cómo. Yo apuesto a que crearán una guerra, posiblemente con uno de los bandos interpretado por ISIS, el mundo occidnetal en el otro y Rusia y China en su propio frente. Pero ojo, porque ISIS lo han montado los de occidente, entonces…

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