Religión en las aulas, el debate que no es tal

Con el advenimiento de las elecciones nacionales ya es habitual encontrarse en los medios de comunicación con las pretensiones programáticas de cada partido político, tan propensos a empecinarse en sus cabezonerías intrínsecas, por mucho que no sigan vigentes ni tengan fundamento legal. Uno de los clásicos más valorados por la crítica popular es el debate de la religión, de si el catolicismo debe ser una asignatura evaluable, una optativa sin repercusión en la media académica del alumno, una actividad extraordinaria impartida fuera de horario lectivo o, simplemente, una cuestión que pertenece a la jurisdicción del olvido.

Para el observador ingenuo o propenso a creerse todo lo que le dicen, este falso debate es muy interesante y acabará ocupando casi la totalidad de sus preocupaciones hacia futuro; esta estrategia, esta cortina de humo, es especialmente efectiva con los votantes más conservadores, siempre temerosos de que España caiga en manos de Satanás y los niños crezcan en pecado. Correrán sin dudar hacia las urnas, con una papeleta del PP bajo su brazo, bendecida con agua divina por supuesto, dispuestos a tomar cartas en el asunto sin dilación.

Lo que es más descacharrante es que el partido tradicionalmente defensor del catolicismo en las aulas, el PP, paladín de las élites y del capital, no sufre temblores de pulso a la hora de justificar sus reformas educativas recurriendo a artículos de la Constitución del 78 que “supuestamente” legitiman sus decisiones en materia educativa. Digo supuestamente porque la Constitución, si acaso, defiende justamente lo contrario, la aconfesionalidad.

Obviamente, cuando un ministro sale a la palestra y dice que el artículo 16 determina que la religión tiene que impartirse en las aulas, no faltan los ingenuos y los iletrados que se tragan el discurso por completo, asintiendo a la par que dicen “viva la democracia; los otros son radicales antisistema”. Tampoco faltarán aquellos que, por ser afines a los crucifijos y tener una visión homogeneizadora de la sociedad, se apoyen en la Carta Magna y esgriman argumentos a cada cual más peregrino para hacer piña con los ideólogos de la derecha.

Lamentablemente, este es un discurso estéril que copa horas de televisión y hojas de tinta, distrayendo la atención de lo verdaderamente importante (injusticias sociales, guerras, contaminación, etc.). Todos, en general, deberían saber a estas alturas que la Constitución define al estado Español como aconfesional, que no laico, y puntualiza que el gobierno colaborará con las confesiones religiosas nacionales para que sus seguidores puedan ejercer el derecho de culto libremente. Ojo, la Constitución no dice que la enseñanza reglada pública tiene que ofertar religión y, mucho menos, que ha de ser una asignatura que compute para la media. Pese a todo, los gobiernos del PP insertan religión en el currículo oficial y los del PSOE tratan de quitarla con desgana, lo que perpetúa este circo educativo legislatura tras legislatura. Luego nos quejamos de la mala calidad de la enseñanza de nuestro país, sabiendo de antemano que cada gobierno en el poder se dedica a cambiar la ley educativa según le conviene y sin miramientos. Por favor, necesitamos constancia y coherencia, que es un tema muy serio.

Pero, insisto, no hay tal debate: por ley, religión no debería de estar en las aulas, ya que el estado se declara aconfesional y el sistema educativo pertenece al estado; en España abundan centros para practicar el culto, sin olvidarnos de la educación privada, destinada a las élites y a los más piadosos. La ley educativa que oferta un culto religioso como asignatura puntuable incurre en una laguna legal con evidentes intenciones moralistas: crear fieles y leales seguidores del partido en el gobierno, contentando a los padres conservadores (de la élite o no) que votarán al PP para lograr un gobierno que trate de moldear al conjunto de la sociedad en base a los gustos de unos pocos. Se fomenta la obediencia y la fe ciega, no el espíritu crítico.

Por otro lado, que una asignatura optativa como religión compute para la media, y pueda determinar si un alumno recibe beca o no, semeja una burla más bien propia de un bufón. El malpensado de turno -yo-, podría pensar que el gobierno trata de beneficiar económicamente a las familias afines a sus valores tradicionales, pues de su bienestar emanan los votos y la gloria electoral.

En conclusión, invito a todos los candidatos a la presidencia de este país a que dejen de hablar de irrelevancias. Que cumplan la ley y releguen las asignaturas religiosas a meras actividades extraescolares, sin peso en el expediente académico, con una reforma que no pueda ser modificada cada cuatro años según convenga, con el objeto de cerrar el dilema de una vez por todas y desterrar los cultos supersticiosos, retrógrados, machistas y sangrientos de la enseñanza. Si quieren ceder los centros educativos fuera de horario escolar para no perjudicar a los alumnos, adelante, pero nada más.

Aquellos que quieran rendir pleitesía a una deidad pueden dirigirse a los templos y comunidades cristianas locales que ofertan tales ideas, puesto que se trata de una cuestión de carácter personal que en nada atañe a la formación académica de los individuos. Todo lo demás, es mera pantomima; usemos el sentido común y la ley debidamente, no solo para lo que nos conviene.

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4 comentarios en “Religión en las aulas, el debate que no es tal

  1. Lorenzo dijo:

    Que se trata de una cortina de humo, lo demuestra el hecho de que en un país tan católico como España, Francia, ni siquiera se habla de ello. Se da por sentado que la educación pública es laica, aconfesional. Nadie pone el grito en el cielo porque sacaron los crucifijos de las clases. Aquí, en Francia, casi nunca se oye hablar del clero. Y cada domingo tienen su espacio de televisión, así como otras religiones, incluida la musulmana.

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    • Óscar Gartei dijo:

      Lo cual no habla precisamente bien del nivel político de este país. Que se trata del gobierno de los mediocres ya lo sabíamos, pero la gente también podía ayudar no dándoles cancha a los políticos en estos asuntos. Aquí el clero siempre tiene algo que decir de la política y no duda en dar su opinión y convocar movilizaciones si así lo considera oportuno. No hemos evolucionado.

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  2. Claro que es un debate imaginario que lo único que persigue es captar votos por parte de los conservadores españoles y, de paso, contar con el apoyo de la iglesia que, según parece, sigue teniendo bastante poder en España. Pero ese debate no está en la calle y ni siquiera lo ha estado nunca en los últimos 50 años. De hecho, yo que, durante casi toda mi etapa escolar, compartí estudios con el franquismo, ya la religión, con la educación física y el dibujo era una de las asignaturas llamadas “Marías” por que se aprobaban sin más y no se les daba la mayor importancia..

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    • Óscar Gartei dijo:

      Exacto, de ahí que no sea justo que tengan el mismo peso en la media académica que otras asignaturas troncales. Andar a vueltas con esto solo demuestra la chapuza de sistema educativo que tenemos, siempre a merced de las ideologías políticas de turno.

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