Premiando al tramposo

¿Os acordáis del escándalo de Volkswagen? Pues parece que ya hay solución: la Comisión Europea planea modificar el tope de emisiones permitidas para 2019, aumentando un nada desdeñable 20% el nivel de dióxido de nitrógeno que podrán escupir los motores diésel. En otras palabras: cuando las grandes empresas incumplen una ley, la ley se cambia; cuando un ciudadano incumple una ley, por menor o irrelevante que sea (como robar pan), a la cárcel.

Poco importa que las emisiones diésel (y todas las demás) afecten a la población mundial de principio a fin, generando multitud de enfermedades respiratorias, contaminando el aire y, por extensión, la tierra, el agua y los alimentos derivados de ambas (cuando la polución es arrastrada por la lluvia). A ojos de los entendidos, es preferible que la sanidad nacional, a cargo de las arcas del estado miembro de turno -un bonachón sin muchas entendederas-, soporte los cuantiosos costes médicos que acarrea el tratamiento de las dolencias infligidas a la población. ¡Y encima recortan en sanidad!

Y es que con la ley, ya se sabe: la ley la escribe el adinerado, no el mendigo, por lo que beneficia al primero y no al segundo. Para variar, la población permanece en su habitual estado de indefensión integral frente a los atropellos y la temeridad institucional; las élites hacen y deshacen sin tener en cuenta a nadie. Claro, los consumidores podrían dejar de comprar coches y ejercer de ese modo cierto grado de presión, pero… ¡los necesitan para seguir siendo esclavos, producir y ser felices! En cuanto dejas de producir, el estado ya te suplica que te mueras (y tengo la sospecha de que también lo incentiva).

¡Un mundo ideal!

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5 comentarios en “Premiando al tramposo

  1. Lorenzo dijo:

    Es una reflexión breve, muy interesante, como todo lo que escribes.
    Aquí expones un ejemplo flagrante de la impunidad de las multinacionales. Si la ley estorba, la cambian y punto.
    El ciudadano es solo consumidor, y si deja de serlo, se deshacen de él y punto.
    Pero ante ellos tienen un reto, que la avaricia no va a resolver: Quieren que los obreros sigan consumiendo con salarios cada vez más bajos y precariedad en el empleo.
    Sin dinero no se puede consumir, pero las élites quieren todo el dinero para ellos. ¿Cómo cuadrar eso? Por desgracia, cuando la población quiera reaccionar será demasiado tarde. Las élites aprovecharán entonces la oleada revolucionaria para obtener aún más beneficios.

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    • Óscar Gartei dijo:

      A veces hay cosas que no vale la pena alargar; diga lo que diga, las multinacionales tienen el beneplácito de las naciones; tonto el último. No obstante, es muy cierto eso que dices, y yo creo que estos son capaces de crear una sociedad bien diferenciada en dos estamentos (con distritos urbanos amurallados), los ricos que consumirán y los pobres que solo producirán. Imagino que a futuro, ya que no pretenden atajar los problemas de sostenibilidad mundial, se van a conformar con que los ricos consuman y, con un poco de suerte -para ellos-, que todos los demás desaparezcan.

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  2. Lorenzo dijo:

    Pero el rico es feliz porque sabe que hay pobres. Si estos desaparecen, no le encuentra la gracia a eso de ser rico. Supongo que entre los ricos harían una subclase, “los ricos menos ricos”, y los tratarían con igual desprecio que a los pobres. Vuelta a empezar el ciclo. Pero antes de llegar a eso, el planeta habrá dicho basta: nos hará a todos igual de pobres.

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  3. Sí, estoy de acuerdo, básicamente en lo que decís. Uno que es aficionado al cine, hay muchas películas que plantean una sociedad orweliana a futuro, donde existen dos clases de estamentos sociales: los que son y los que no,- los que han sido expulsados a la nada-, que quedan fuera de ese recinto amurallado que dice Oscar. Y dentro de los que “son ” los que mandan y los mandados.

    Y lo peor: “todos felices”, que para eso están los medios de comunicación o “persuasión” para llevar el rebaño a su redil. Desde 1984, a Gattaca, pasando por Farhenheit 451, La fuga de Logan, La isla y un sin fin de etcéteras. Todas ellas plantean un futuro tan idílico como desolador e inhumano.

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    • Óscar Gartei dijo:

      Me gustaría ser positivo y pensar que todo se arreglará, pero no es realista. Lo cierto es que la civilización juega un punto de partido y las élites utilizarán todas las conjuras demoníacas para colarnos el estado orwelliano por la puerta de atrás. El futuro pinta oscuro y lo será; nos acercamos a la nueva edad media.

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