La Segunda Edad Media

El mundo se aproxima hacia un nuevo ciclo de oscuridad y represión. En estas épocas de exigua iluminación, las sociedades tienden a verse dominadas por ideologías poco contrastadas, que a menudo se apoyan en credos religiosos sacados de contexto o políticas fascistas para avivar viejas enemistades o insuflar ánimo en las personas descarriadas. El que se halla extraviado, pregunta y confía en direcciones, pues confía asimismo en la bondad ajena, pero comete el error de pensar que nadie quiere engañarle o aprovecharse de su inocencia.

Lo que a priori parece una batalla de varias facciones, es en realidad una contienda entre solo dos bandos: la masa ovejil y los pastores lobunos, que poco tienen que ver con la nobleza del morador de los bosques. La masa, caracterizada por personas de toda clase, a veces es moldeada, a veces azuzada, a veces mimada y otras tanta masacrada, según convenga, en función del tiempo y la forma; los pastores siempre pelean por llevar la razón, aunque esgriman enseñanzas que hablan de comprensión y paz. Sus textos sagrados susurran poemas de amor, pero sus “lectores” prometen sangre y pervierten el mensaje original; a uno y otro lado, son todos ellos falsos profetas, aunque prosperan.

Los ciclos se suceden y la historia se repite; la humanidad es una metáfora de la mitosis celular llevada al extremo, y mezclada con el oleaje frenético de una tormenta caribeña. Se dispersan los grupos que ya no quieren estar juntos, para hacer diabluras por separado y así evadir la responsabilidad de un problema más apremiante; luego, se congregan para luchar entre sí. Dicho de otro modo, se utiliza la pólvora y el artificio para sortear el compromiso; ninguno de los jugadores quiere saber de contaminación y desarrollo sostenible, mas todos hablan de crecer y conquistar, para mayor gloria de su hermandad. Esta es la mentalidad de la langosta: comer hasta vomitar, comer hasta tornar en desierto lo que antaño era bosque.

Para hacer efectivas sus proclamas, vestidas de nobles fines, los pastores que son lobos degollan a las ovejas por doquier, tiñendo los campos de sangre y los cielos de humo. Nada emerge del caos, mas el trigo crece ya ocre y el cielo no recuerda el color azul. Pobres ovejas que confiaban en sus pastores, pues nunca ellos quisieron guardarlas o protegerlas del mal propio y ajeno; los pastores se frotaban las manos al verlas pasar, y poco después festejaban sus éxitos con vino y costillas; nada pudieron hacer contra la saliva que se vertía por la comisura de sus labios. Las murallas no se habían levantado para defender, sino para contener.

Cuando, advertidos por la propia Tierra, de la espinosa situación en que esta se hallaba, decidieron ellos que harían oídos sordos a la evidencia y se dedicarían en cambio a la locura colectiva, a la masacre y el expolio, cometieron el gran error. La vanidad tambaleó al gigante intocable y este se estrelló con estrépito contra el suelo… Y la población, desmembrada, ofuscada, mesmerizada, cometió igualmente el error de confiar en sus líderes, que en modo alguno lideraban al grupo -de ovejas-, y sufrieron las consecuencias de no adoptar sus propias medidas a título personal.

Pero hablamos de ovejas, al fin y al cabo, y poco más habremos de esperar de sus balidos lastimeros, que demandan entretenimiento y discuten sobre irrelevancias. Tampoco habremos de esperar nada de los que aúllan a la luna por más poder, más riqueza, más de más; las consecuencias pesarán irremisiblemente sobre todos aquellos que nunca quisieron responsabilidad, pues tuvimos la oportunidad de arreglar y optamos por destruir.

Así, llegó la Nueva Edad Oscura. Acompañada de montañas de basura y temporales de polución tóxica. Y, luego, los lamentos.

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4 comentarios en “La Segunda Edad Media

  1. lorenzogarrido33 dijo:

    Es el principio de la hecatombe. Un estado orweliano con telón de fondo del cambio climático, los residuos por doquier, los recursos que se agotan. El ser humano, cómplice de su propia barbarie. Unos porque apoyan tácitamente. El silencio es hoy tan criminal como la palabra asesina. Otros, los políticos, mentirán infinitas veces. Degüellan por un lado, sacan dinero por el otro. Cómplices de la élite criminal, nos esperan tiempos oscuros de genocidios, masacres, robo de bienes y empobrecimiento de países. Nos espera lo peor. Las élites están locas, y en su locura arrastran a los demás.

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    • Óscar Gartei dijo:

      Curiosamente, nos espera aquello que ya hemos vivido en el pasado -descontando la contaminación extrema-. Las guerras, las masacres, los conflictos religiosos, las epidemias… todo ello es asunto viejo, conocido, mas nunca tales calamidades sirvieron de enseñanza. Hoy nos enfrentamos a fantasmas que tendríamos que haber evitado en lugar de haber sembrado; no solo somos suicidas y locos, también somos estúpidos.

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  2. Lorenzo dijo:

    Es que siempre han utilizado la guerra como válvula de la población para regular los impulsos rebeldes. La guerra sirve para frenar cualquier revolución. Napoleón fue el primero en entenderlo así. Los demás dirigentes han seguido su ejemplo.

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