Balas en lugar de palabras

En nuestro mundo, todo se arregla con armas, quizá por eso de que tenemos muchas en stock y hay que utilizarlas antes de que se deprecien, tornando las cuantiosas inversiones en las mismas un gran equívoco. Así, las disputas fronterizas o los conflictos ideológicos se saldan con bombardeos aleatorios, que a menudo se cobran la vida de inocentes -que nada pintan en el inmenso lienzo de la estulticia-.

Claro, los ciudadanos somos ovejas sin voz ni voto, por lo que nuestra misión ulterior será apartarnos del camino mientras desfilan los tanques con sus cañones bien altos, escupiendo fuego y misiles para “armonizar” el mundo y aplacar las divergencias de criterio.

Ocurre que la población se equivoca al analizar los conflictos que azotan nuestro pobre planeta; no se trata de una guerra entre occidente y oriente, entre capitalismo y comunismo, etc. La verdadera refriega se encuentra entre las clases bajas y las élites, cosa que no se explica así en los medios de comunicación, porque estos sirven a las élites (incluso los más progresistas).

Las clases dominantes, que todavía existen -transformadas hasta cierto punto-, observan el mundo a largo plazo y maquinan lo necesario para adelantarse a los acontecimientos. Para ellos lo importante es conservar el poder, lucrarse y prosperar, pero tampoco son del todo ignorantes y saben que el actual ritmo de crecimiento no es sostenible. Ellos ya tienen estudios que demuestran que a medio plazo tendremos un gravísimo problema de habitabilidad medioambiental, predicciones que por otra parte ya intuye el grueso de la población (aunque no quiera reconocerlo).

En realidad, las élites tienen presente este problema desde hace varios siglos, quizá desde la revolución industrial, y desde siempre se han utilizado pobres excusas para justificar las masacres, que a la postre no son otra cosa que una purga selectiva de individuos de baja clase (los altos cargos son apresados, pero rara vez ejecutados). Así, el sistema, ya descargado de la presión de un rebaño excesivamente grande, puede prorrogarse un poco más en el tiempo, huyendo hacia delante sin pensar y sin proponer soluciones reales; es un parche temporal.

Entonces, todos los bandos se hallan muy cerca unos de los otros, y se necesitan mutuamente; es natural, son hermanos. La existencia de un enemigo externo moldea la opinión pública para que los ciudadanos acepten de buen grado la represión interna, siempre disfrazada de medidas de seguridad que protegen más bien poco. En esto, a buen seguro hay un pacto entre caballeros, un acuerdo entre bambalinas de titiriteros.

Pongamos por ejemplo a ISIS, gran invento de occidente. Ya no solo me refiero a que con la invasión de Irak se favoreció su aparición, o a que occidente le compra todos los días petróleo por valor de varios millones de dólares (financiando su causa), sino a que desde los años 70, y con objeto de desestabilizar la URSS en la zona, los aliados han estado sistemáticamente apoyando a guerrillas locales. Estas han recibido apoyo en forma de armas, dinero y entrenamiento; y cuando ya no está el enemigo, pero las tropas están armadas y su líder aburrido, entonces surge un nuevo problema: el terrorismo. Podría haberse llamado de otra manera o haber cobrado otro rumbo, pero la idea es la misma.

Desde hace unos años, el yihhadismo ha golpeado occidente en varias formas, a veces con la sospecha de cierta colaboración interna sobrevolando el atentado de turno. Hoy, después de la muerte de muchos inocentes en Francia, Europa, Estados Unidos y Rusia parecen entenderse y se lanzan a la carga contra países del Medio Oriente, ya prácticamente en ruinas. Allí, bombardean objetivos estratégicos pero, de paso, asesinan a muchos inocentes, atrapados entre los fanáticos; de este modo, generan nuevos fanáticos, perpetuando el ciclo.

Al final, la vida es como una inmensa pradera llena de ovejas, separadas en grupos y comandadas por lobos. Los lobos son de la misma manada, pero capitanean a las ovejas para que estas se maten entre ellas, para acto seguido hacer un festín con sus restos mortales. Esta es la única explicación plausible, dado que nuestra especie se niega a solucionar los problemas a través del diálogo cuando es posible, optando por la inacción o el enfado y permitiendo que un problema solucionable se convierta en un auténtico agujero negro asesino.

Cuando ya es demasiado tarde, se tira una bomba y vuelta a empezar.  Esos son los argumentos de esta patética especie.

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3 comentarios en “Balas en lugar de palabras

  1. Lorenzo dijo:

    Como dicen los franceses: du déjà vu. Desde la época carolingia, la guerra como medio de solucionar los conflictos internos. El imperio romano usó y abusó de esta práctica. El actual imperio yanqui, tres cuartos de lo mismo. La guerra élites / obreros está perdida porque los obreros se han pasado en masa del lado de las élites. Hoy todos son capitalistas; patrones y empleados, ambos aspiran a ganar siempre más. Un objetivo común para una destrucción común. De esto hablaré en mis próximas entregas.

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    • Óscar Gartei dijo:

      Las élites han logrado esto haciendo a la masa cómplice de su éxito en parte. Trabaja toda tu vida y lograrás un coche, pero no será el mismo que el del rico, claro. Trabaja toda tu vida y conseguirás una casa, aunque llegarás a viejo sin haber acabado de pagar la hipoteca, etc. Ejemplos de un secuestro mental a nivel poblacional.

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  2. Ya sabéis que yo no soy tan pesimista en relación a las capacidades humanas. De hecho estamos aquí y como nosotros otros muchos. Y, diría que cada día más gente se está dando cuenta de lo que está pasando. De hecho, los analistas dudan que, en relación a la campaña electoral, vayan a mejorar mucho los resultados del PP por que basen su campaña en el tema catalán o en las tragedias provocadas por el terrorismo internacional.

    Con respecto al caso del ISIS qué duda cabe que este es el resultado de un engendro descuidado por los intereses occidentales,dados los intereses en el mismo de “nuestros amigos”· saudíes, y que se les ha ido de las manos. Pero, seamos realistas Oscar, si bien la actual oleada de bombardeos es evidente que no sirven para otra cosa que despertar el odio en más y más yihadistas en todo el mundo y que es necesario cortar todas las fuentes de financiación del Estado islámico, el cariz de estos individuos hace imposible el diálogo con los mismos y, tarde o temprano, es necesaria una intervención directa sobre el terreno, eso sí no como hasta ahora como un elefante en una cacharrería si no teniendo acordado previamente con las diferentes facciones y grupos políticos en la zona un futuro de paz, democracia y desarrollo para la zona.

    Y así con todo Oriente Medio, lo que constituirá una auténtica epopeya histórica. De no ser así, jamás solucionaremos el problema. ¿Una utopía? probablemente. Pero si no nos miramos en ella, difícilmente podremos afrontar un futuro más allá de esa sociedad orwelliana de la que hemos hablado tantas veces.

    No se si conoces una excelente serie de ficción en la tv que se llama “Homeland” que versa sobre la actuación de la CIA y demás partenaires en Oriente Medio. La temporada actual da comienzo, precisamente, con una reunión en Langley de la cúpula mayor de la CIA con un mercenario asesino que trabaja para la misma y ha estado destinado durante un tiempo en Al Raqqa, la capital del EI. Ante las preguntas de los diferentes mandos el agente advierte del fracaso de los bombardeos y como acuden a decenas de millares personas a enrolarse en las filas del ISIS. Gente a la que “solo le queda la fe y el martirio” -aunque habría que matizar también mucho sobre esto-. Preguntado sobre sus propuestas al respecto, el mismo les responde: “200.000 soldados sobre el terreno y tantos médicos como maestros”. Y ante la evidente negativa de sus superiores este vuelve a responderles: “Pues entonces borren Al Raqqa del mapa”. Es obvio, de no mediar una propuesta eficiente de paz y futuro para la zona, todo lo demás huelga.

    Un saludo.

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