Gente nueva, ideas viejas

Podría entenderse que mi ausencia cibernética (y existencial) en las últimas semanas pudiera deberse a una insoportable dejadez que va por rachas, que también, pero lo cierto es que el principal motivo que me ha mantenido lejos de los blogs ha sido la necesidad de desconectar de la política española por un tiempo, harto hasta decir basta de bravatas partidistas, órdagos democráticos y prejuicios de hondo calado en la mente colectiva de nuestra especie.

En diciembre se celebraron las elecciones generales de España, fecha hábilmente puesta antes de la navidad para hacer mella en el enfoque psicológico de los votantes y hoy, a día 3 de febrero de 2016, la formación de un gobierno sigue sin estar clara, ya no solo por los discursos electoralistas, los personalismos papistas o el gravísimo y orondo sinsentido en el que nuestros representantes políticos nadan a diario, sino por la verdadera raíz del problema, que es el anhelo de poder y bienestar personal por encima del bien de la nación y de los verdaderamente necesitados. Da la impresión de que sea quien sea, todos están aquí para usarnos a nosotros, meros individuos llanos, para lograr sus objetivos y amancebarse en las comodidades del poder, a veces incluso aparentando lo que no se es; nos hacen perder el tiempo.

Ciudadanos y Podemos entraron en escena prometiendo renovaciones y regeneraciones estructurales radicales, a tal punto que muchos de nosotros incluso mudamos de piel para adecuarnos a las nuevas corrientes de pensamiento; quizá nos pillaron desnudos, con el esqueleto y poco más. Pero, a tenor de lo visto, ni uno ni otro han sabido sobrellevar esto de la regeneración democrática con educada valentía y honor. Ciudadanos se ha contentado con convertirse en una especie de PP de segunda división con visos de ascenso, cuya importancia y peso congresil no terminaron de cuajar por su discurso cimbreante en los meses previos a las elecciones, detalle que ya se intuía de antemano (lo de la ideología), mientras que Podemos semeja haber priorizado la confección de bonitos repartos ministeriales en PowerPoint o a viva voz por encima de otras defensas más enjundiosas (o actuando con una prepotencia tal que cualquiera que pactara con ellos se ganaría automáticamente el título de sumiso e idiota redomado, y con razón).

Del PP y del PSOE no hablaré mucho, más allá de hacer una mención superficial de ambas facciones, ya viejas conocidas por estos lares. El PP interpreta su papel de derecha conservadora, atrayendo los votos de los adinerados y los pobres que se creen con algún tipo de deuda personal hacia el “orden establecido”, y ahora que formar gobierno es casi una empresa imposible de conquistar con los resultados electorales en la mano, se han ofrecido a dialogar incluso con el PSOE y con la Formación Liberal de Iguanas -FLI-, todo por mantener el poder y el status quo, en especial hacia los partidos que consideran antisistema… pero que han llegado hasta ahí gracias al sistema, a los votos y a la democracia que tanto defienden para una cosa y critican para otras. No hemos de olvidarlo: los nuevos están ahí por los votos, no por la magia de Harry Potter. Entre tanto, el PSOE, con los peores resultados de las últimas décadas, está a un tris de optar a la presidencia de rebote, siempre y cuando acepte pagar un altísimo precio que podría redundar en su implosión ulterior. El pacto con Podemos puede salirle caro, en especial si la mezcla no funciona, y un remoto pacto con el PP sería su defenestración definitiva.

Pero la cuestión es que, en resumidas cuentas, no hay gobierno y nuestros representantes no se ponen de acuerdo, cosa que pasa factura al ciudadano de a pie, a las empresas humildes, a los autónomos, etc. Sería impensable, pues el buen juicio escasea, que estos elementos políticos se sentasen a dialogar y optasen por un pacto de mínimos, quizá conformando un gobierno que tuviera ministros de todos los partidos, sacrificando el ombliguismo por el bien común y un proyecto sólido de futuro, que no se limite a la oscilación enfermiza con cada ejecutivo que corona la escarpada montaña electoral.

Me hartan con sus trifulcas burdas, con la distracción de la problemática real mediante cortinas de humo o protestas ridículas, pataletas más propias de niños. Su trabajo es trabajar y hacer política, y esto va más allá del espectáculo patético al que estamos asistiendo; no me está gustando nada la actitud de Podemos, la poca sangre de Ciudadanos, los quiebros de Rajoy, la indefensión de Pedro Sánchez… Solo veo mediocridad en distintos grados, en un abanico de tonalidades tan llamativo como viejo: ideas nuevas hay pocas.

A nivel personal, creo en la formación de Pablo Iglesias y en muchas de las metas que persiguen, porque allá por 2011 intenté básicamente montar un movimiento que perseguía lo mismo que persigue Podemos hoy en día, con ciertas diferencias y particularidades, pero es evidente que la cúpula directiva que lidera la formación se ha transformado en un arma de doble filo, tan ansiosa por polarizar el discurso que se ha vuelto perniciosa para ella misma, a causa de sus decisiones “dramatizadas” y actitudes desafiantes. En una sociedad tan ignorante como la nuestra, tan servida de prejuicios y tan propensa a creerse cualquier cosa, posiblemente ninguno de los líderes podemitas son conscientes del daño que se hacen al hablar. España requiere mesura y seguir el tempo adecuado, que se sitúa entre lento y quieto, o caerás en el saco de Stalin. De ahí no sales.

Ya para ir acabando, quería comentar que en la actualidad trabajo en una oficina asentada en un pequeño núcleo rural y me temo que las personas de cierta edad, y no tanta, ven a Podemos como el mismísimo demonio vestido de Stalin, cosa que no ocurre con todos los casos de corrupción del PP; la población tiene varas de medir específicas para cada partido. Así, conjeturan con el comunismo, Venezuela, la expropiación forzosa de viviendas, la nacionalización de la banca y control de los ahorros particulares, el progresivo desarrollo de una futura dictadura, una guerra… Los más cosmopolitas se troncharían de risa al escuchar los argumentos de los que hablo, pero están ahí, la gente los cree. Se han tragado el discurso de la derecha y lo repiten con temor, pero lejos del nivel de veracidad de tales acusaciones, no se puede negar que una actitud orgullosa, altanera y abiertamente insultante hacia otras formaciones políticas no ayuda a lavar su imagen de radicales; hay que explicarse mejor. En las ciudades su calado es poderoso, pero en los pueblos nulo, y en el fondo España es un gran pueblo.

Para arreglar los males de un país se necesita algo más que la prepotencia; se requiere presteza y decisión, pero no precipitación. La diplomacia es imprescindible, y el saber retroceder en un debate en un momento concreto, para regresar más tarde fortalecido, un arte imprescindible para el buen estratega. Las tácticas de acoso y asedio solo ponen a tu rival en una situación desesperada. Y eso, en cualquier caso, nunca es una buena idea. Nunca.

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6 comentarios en “Gente nueva, ideas viejas

  1. lorenzogarrido33 dijo:

    Toda la razón del mundo. ¿Será que el poder corrompe, como dicen, y la fama también? El poder absoluto de Rajoy se corrompió absolutamente. La fama de Podemos les dio su pizca de soberbia. Y entre todos, la casa sin barrer. Suerte con tu nuevo empleo, que dure. Yo sigo aquí, mi blog duerme viejas glorias, pero ahora me dedico a corregir una novela que escribí. Saludos.

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    • Óscar Gartei dijo:

      Ya llevo trabajando allí desde septiembre, es a media jornada, por lo cual me sobra tiempo para casi todo, pero bueno, el caso es ir tirando.

      Lamento que hayas decidido eliminar el blog. Yo he tenido mis más y mis menos y también lo he pensado por rachas, pero al final siempre me apetece escribir algo, aunque sea por indignación momentánea para liberar estrés, y aquí me meto a escupir la ira, jaja. No obstante, mi tiempo iría mejor invertido en escribir una novela, pero a veces me puede la irregularidad.

      Ya me contarás sobre esa novela. Tengo ganas de leerla.

      Un saludo.

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      • No es fácil eliminar mi blog, aunque quiera. Dan un plazo de 90 días para borrarlo, y en el entretanto ya he cambiado de opinión. Alalzada sigue pero no creo que publique mucho, al menos por el momento. La novela trata sobre el Decrecimiento como fenómeno social. La escribí rápido, pero corregirla es odioso. Dan ganas de botarla a la basura. Casi he terminado su corrección. Si te interesa podré mandártela en la versión que me digas (epub, pdf, etc.) Hasta por correo, pero imprimir sabiendo que luego hay modificaciones, es tontería.

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      • Óscar Gartei dijo:

        Me parece bien, en lugar de eliminarlo lo puedes dejar en solo lectura u ocultarlo sin más. Nunca se sabe las ideas que pueden ir y venir.

        En cuanto a la novela, el PDF me vale, cuando quieras. La leeré con gusto en mis ratos libres, jeje.

        Un saludo.

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  2. Venga hombre que esto va por rachas. Nos gusta escribir y no vamos a dejar el blog por que nos lo tengamos que tomar como una obligación. Además así también tengo con quien comentar en la red, jeje.

    Por lo demás, efectivamente, el problema de Pablo iglesias es su prepotencia y arrogancia y eso le puede acabar pasando factura. Aunque es legítimo también que nos e quiera tirar al barro, de cabeza, a un pacto con el PSOE por qué… ¿alguien se fía a estas altura de ellos?

    Un saludo a ambos..

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    • Óscar Gartei dijo:

      Naturalmente, todo es estrategia. Yo a Pablo lo he visto “haciendo campaña” por si hay nuevas elecciones. En caso de repetición, la gente probablemente migrará sus votos hacia el PP y Podemos, dejando en segundo lugar a PSOE y Ciudadanos. En especial, el que más pinta de defenestración tiene es el PSOE.

      Un saludo.

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