La Sociedad Machista

Cada vez que escucho en la televisión hablar de machismo acabo de mal humor. No porque sea un negacionista de una lacra social de tamaña envergadura, sino porque me cuesta digerir la hipocresía intrínseca a este espinoso asunto. El machismo existe y es una plaga que hay que erradicar, pero para ello necesitamos una educación y una sociedad consecuente con tal empeño. Sin ir más lejos, las cadenas de televisión critican con lengua ácida cualquier “machismo evidente”, como que un bruto aporrea a su mujer o que en las empresas les pagan menos a los empleados de sexo femenino, pero ni se percatan del machismo implícito en el que incurren a diario (o no quieren reconocerlo, puesto que el escaso sentido crítico de la audiencia se lo permite).

Me refiero a que las presentadoras, por ejemplo, han sido seleccionadas cumpliendo unos requisitos físicos muy concretos; suelen llevar tacones de vértigo, prendas ceñidas y van perfectamente maquilladas, siempre cumpliendo el canon de lo que se considera “atractivo” -independientemente de su capacidad e inteligencia-. Dicho de otro modo, que casi todas ellas agasajan la vista sin reparos; a día de hoy no he visto una sola presentadora obesa y, mucho menos, con un rostro que invitase al vómito. Ojo, no estoy diciendo que estas atractivas presentadoras sean idiotas por el hecho de ser guapas, en absoluto, solo digo que es sospechoso que todos los programas tengan mujeres sobresalientes, como si unos kilos de más fuesen incompatibles con el periodismo. Habrá de todo en la viña del señor y sería de agradecer que mujeres más normales pudieran presentar también programas de máxima audiencia. En cambio, presentadores masculinos los hay de toda clase, incluso viejos y gordos, si me permiten estos términos más directos y sin ambages.

Pero esto no acaba ahí, pues luego, la misma cadena que critica enconadamente el machismo en sus programas, emite sin cesar decenas de anuncios a cada cual más machista. Que si el producto de limpieza para las mujeres, que si los anuncios de maquillaje inyectado a chorro (para ser bonita, que es lo que importa), los desodorantes para hombre que atraen chicas como moscas… Y tampoco nos olvidemos del énfasis que se realiza en las pasarelas de moda o en las galas de cine. Se comenta de tapadillo quién ganó el Oscar y luego se le dedica el resto del tiempo a comentar los vestidos de las féminas; a los hombres les dedican 2 segundos contados. El balance final viene a decirnos que no hay tal transformación social: se sigue potenciando la imagen de mujer florero, que se preocupa primero por su aspecto y luego por lo demás.

Para poner otro ejemplo que ilustre esta entrada, vamos a coger sin ir más lejos un conocido programa de Antena 3 en el que varias personas se casan sin antes haberse conocido. El susodicho programa, CASADOS A PRIMERA VISTA, que terminó ayer su andadura cosechando muy buenos resultados, nos sitúa en una tesitura ya de por sí absurda cuando, al juntar a todas las parejas en uno de los últimos programas, envían a las “chicas” a hacer pilates y a los “chicos” a tomar cervezas. ¿Cómo es esto posible? Es otro caso de hipocresía en forma de torrente que nadie critica, pero oiga, pegarle a las mujeres está mal.

Y yo digo que ya basta de criticar lo evidente y callar lo que todos sabemos. Hay muchos machismos en el mundo, pero por poner unos semáforos con forma de “mujer con falda” en Valencia y llamarlos “semáforos paritarios” no vamos a arreglar nada, sino que incluso seguimos sumando fuerza a ese concepto de que la mujer es diferente y de que hay que protegerla. Y, para más inri, cayendo en la trampa de retratarla como un ser antropomorfo que viste “femenino”. ¿Quién decide lo que es femenino o no? La igualdad es una cosa que tenemos que conseguir entre todos, empezando por dejar de lado la parodia. Lo femenino y lo masculino son conceptos sociales y, como tal, están sujetos a modificación según la corriente dominante, que a día de hoy viene dictada por el mercado.

Por favor, sentido común, espíritu crítico y coherencia. Es todo lo que necesitamos para cambiar esto.

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4 comentarios en “La Sociedad Machista

  1. Una vez más, te asiste la razón. El verdadero machismo no se combate, se perpetúa. La prueba es que cuando las mujeres adquieren parcelas de poder actúan como los hombres (Merkel). Es igual que los pobres que sueñan con ganar dinero para hacer lo mismo que los ricos. Si las mujeres emancipadas hacen lo mismo que los hombres no arreglamos nada, volvemos a la casilla de salida. Estupendo post.

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    • Óscar Gartei dijo:

      No obstante, cuando le comento estas ideas a algunas chicas que conozco, a veces me dicen que le doy demasiadas vueltas, que exagero. Yo creo que en los detalles está el diablo, como dicen los ingleses, y que no podemos pretender curar el machismo siendo machistas a diario.

      Por cierto, que avanzo con tu libro a buen ritmo, dentro de lo que me permiten otras ocupaciones. Creo que me he leído ya un tercio, pero es difícil saberlo, porque no puedo comprobar el número de páginas. Ya te diré cuando acabe.

      Un saludo.

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  2. Excelente artículo, como de costumbre. La verdad que es algo que no acabo de comprender en los tiempos que vivimos. Yo mismo tengo una pequeña empresa y mis empleadas tienen exactamente el mismo salario por los mismos cometidos que si se tratara de hombres. Por eso no entra en mis entendederas esas empresas que por el hecho de ser mujer les pagan menos que a los hombres. Pero la realidad que es cierto. Y, por cierto, magnífico ejemplo, al que yo mismo he recurrido en numerosas ocasiones, el de las presentadoras de los telediarios. Aunque he de decirte que si bien es cierto que ocurre por lo general en todas partes no en todos los países ocurre de manera tan exagerada como en España.

    Un saludo. Ah y gracias por comentar en Amanece Metrópolis.

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    • Óscar Gartei dijo:

      Me alegro de que haya empresarios con sentido común, que es lo que tenía que ser la norma y no la excepción. Solo nos queda seguir trabajando para que estos micromachismos desaparezcan porque, lo creamos o no, también nos perjudica a los hombres (como por ejemplo tener menos duración en una baja por maternidad). La igualdad pasa por igualar todos los derechos de una vez, cosa que nunca se tuvo que haber diferenciado.

      Un saludo.

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