Sobre las manifestaciones…

…a favor de la tauromaquia, decir que me parecen el pináculo del absurdo, y mediante la presente entrada quiero manifestar brevemente mi sorpresa e incredulidad ante semejante espectáculo.

Cuando el pasado lunes, no recuerdo la hora concreta, vi aquellas imágenes tan espeluznantes, tan cargadas de misterio y valores indescifrables, cuando vi a todas aquellas extrañas gentes con pancartas ensalzando el mundo del toreo, me pregunté por un instante si acaso aceptaríamos como normal una manifestación en pos del esclavismo en pleno siglo XXI. Imaginemos por un momento una de las calles principales de Madrid o Nueva York, invadida por miles de personas, pidiendo una vuelta al sistema esclavista y la inmediata sumisión de los negros (se hace preciso utilizar esta metáfora y este lenguaje por su propia relevancia). Sería escandaloso, y con razón.

A mi entender, no hay mucha distancia entre la defensa del asesinato por deporte y la defensa de la esclavitud por conveniencia económica y convicción ideológica. Lo único que difiere entre el caso que afecta a los humanos y a los toros es, simplemente, que los animales no-humanos no pueden manifestar su descontento de ninguna manera y, mucho menos, apelar a la justicia para defenderse de tamaña afrenta. Y, a día de hoy, hay muy pocas especies “avanzadas” que hayan intercedido por la salvación de otras que no lo son.

Pero luego los toreros, que son personas muy respetables y entienden los animales a su manera (utilitarismo), alegan que “los dejemos en paz”, “que respetemos su libertad -para matar-“, que los antitaurinos se pueden manifestar y hacer lo que quieran, pero que no se entrometan en su profesión… Que, por cierto, es una tradición muy noble, seña de identidad de las tierras íberas, que hay que preservar e incentivar. La Santa Inquisición, si me lo permiten, también era tradición y seña de identidad de la antigua España, y no por ello se convirtió en una institución digna de ser preservada y subvencionada.

El problema es que las tradiciones, fíjense ustedes, a veces son un poco macabras y en lugar de perpetuarlas hay que darles carpetazo; por dignidad; por coherencia. Para empezar, el maltrato animal está prohibido por ley, ergo la tauromaquia debería de estar prohibida por ley (el motivo por el que todavía no se ha prohibido es otro misterio de esos que habría que analizar). En segundo lugar, no podemos apelar al estatismo de las tradiciones, puesto que si así fuese, entonces también deberíamos incentivar la masacre de cristianos en los coliseos, el derecho de pernada o la pena de muerte por adulterio. En tercer lugar, el asesino no puede quejarse de que le llamen asesino porque, en resumidas cuentas, solo es una definición objetiva de un hecho veraz, lo de que acorralan toros para matarlos a estocadas. Sé que el diccionario solo entiende el asesinato como un crimen cometido contra personas, pero creo que todos aquí tenemos entendederas suficientes como para comprender la moralidad en dimensiones más amplias y actualizadas. En cuarto lugar, la diversión del público se fundamenta en el sufrimiento y la crueldad de un ser que no tiene voz ni voto en el proceso (igual que en la vieja Roma); es una falacia decir que el toro vive para la lidia. En quinto lugar, y último, es otra falacia justificar la tauromaquia como modo de supervivencia del toro, esto es, que sin las corridas de toros la especie se extinguiría por ser “inútil”.

Pero esto es España y uno ya está un poco harto de escuchar tonterías a diario. Solo diré, después de todo lo expuesto, que si los toreros persisten en el sostenimiento de una tradición tan cruenta como vil, opten ellos por matarse entre sí, para goce y disfrute de los espectadores; porque es su pasión, su tradición, su seña de identidad, y están convencidos de ello y son coherentes con sus pensares. O que, de cuando en cuando, batallen con el morlaco desnudos, con sus propias manos.

A mi modo de ver las cosas, cuanto más justa sea la batalla, menos tendré que objetar, pero en igualdad de condiciones todos sabemos que esos toros llevan las de ganar; mirad por dónde, al final va a resultar que los diestros son los cabritos genuinos de todo el circo y por eso utilizan “trampas” (apoyos, defensas, armas, etc.). De otro modo, no saldría ninguno vivo… y no tendrían las agallas tan infladas.

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2 comentarios en “Sobre las manifestaciones…

    • Óscar Gartei dijo:

      El que es corto de miras, es capaz de ver algo noble en una boñiga. Así se explica que muchos cultos, creencias o tradiciones absurdas hayan pervivido hasta nuestros días.

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