Sobre las naciones

La población se equivoca; el rebaño siempre ha entendido mal el término nación, lo cual es comprensible porque sus pastores han diseñado y elaborado lo que se enseña y aprende en las escuelas, también lo que se dice en televisión. Una nación, sin embargo, no es un pedazo de tierra con fronteras reconocibles; una nación tampoco es un conjunto de regiones unidas por la historia, el idioma y las conquistas. ¡En absoluto! Como digo, lo hemos entendido siempre mal: la única nación verdadera es la especie humana, nuestra familia, nuestros hermanos y nuestros amigos.

Adictos a imaginar y a soñar, nos gustan mucho las obras de fantasía medieval y gestas imposibles, donde los valerosos, sabios y justos príncipes de ojos azules derrotan a parientes malvados que les quieren arrebatar el trono y arrasar con el reino. Nos encanta experimentar en tercera persona la transformación que sufre un campesino bastardo, que al principio ignora su sangre real, cuando descubre su verdadero linaje y logra ascender hasta la gloria, ajusticiando a bellacos y traidores por doquier. Es normal, puesto que son sendas vitales épicas que determinan el futuro del mundo; sus consecuencias importan y no son olvidadas, dejan huella. Nosotros tenemos miedo al olvido y buscamos una forma de perpetuarnos en las arenas del tiempo, aunque nos contentamos con la ficción.

Paradójicamente, ocurre que esas románticas historias sobre la caballería nunca nos hablan de Gilipuerto el Joven, herrero, hijo de Gilipuerto el Viejo, también herrero, desposado con Brida McKein, la lechera, antes de los veinte años, con dos enérgicos hijos y mucha roña en su espalda. La historia de Gilipuerto es una historia sin importancia, sin acción, sin interés; vive su vida corriente haciendo cosas corrientes y fenece ante el peso inexorable de la cotidianidad. Dicho de otro modo, todos somos Gilipuerto en cierta manera, pero aunque abunden Gilipuertos a millones, nadie se acuerda de ellos diez años después.

Entonces, que aquí viene lo que quería decir, ¿por qué sufrimos por las fronteras erigidas en el pasado, cuando son una burla al concepto de especie unida y solo sirven de pretexto para el conflicto? Que, en resumidas cuentas, un reino es un patio de recreo para el tirano de turno, nada más; nosotros somos los juguetes -rotos- que se desparraman por el tablero, una propiedad estacionada en las tierras de la Corona. Sufragamos con sangre los negocios ajenos.

El amor que nos inculcan hacia nuestra nación es únicamente un barniz de docilidad, una manera de sembrar en nuestra psique la mansa aceptación del orden superior de las cosas, en el que siempre tenemos el extremo corto de la pajita. Nadie nos consulta si debemos ir a la guerra o si de verdad odiamos tanto a nuestros enemigos como para desear su destrucción; nadie nos pregunta si nos parece bien invadir a nuestro vecino o si disfrutamos matando hermanos por trifulcas familiares de unos reyezuelos/caudillos a los que todo lo mundano les importa un bledo. Las fronteras cambian, las alianzas también; hoy nos acuchillamos y mañana bebemos juntos; siempre por otros, por unos mequetrefes bendecidos en la cuna con sangre azul -o verde, dinero-.

Make no mistake, como dicen los ingleses, los reyes murieron -algunos- y su absurdo lugar fue ocupado por los burgueses, ya que alguien tenía que tomar el control del corral. A no mucho tardar siguieron los comandantes supremos de las finanzas, que hoy utilizan a los países como plastilina en una clase de primaria. Estos últimos gerifaltes del siglo XXI han aprovechado la urdimbre previa del mundo, las fronteras y los conflictos viejos, para delimitar su terreno de acción, manipulando al populacho con la misma impunidad y temeridad que sus predecesores ungidos por Dios.

Y aquí, sabiendo todo esto, seguimos cayendo en las mismas trampas, en los mismos odios, en los mismos credos caducos, en las mismas ideas carcomidas por el óxido. Nos enfrentamos entre nosotros por la germinación de ideologías pretéritas, que creíamos ya extintas, como la xenofobia. Los pecados del padre se catapultan al futuro y cosechan la muerte de sus hijos. De una guerra, nacen otras, y la refriega nunca se detiene.

Pero seguimos muriendo por las “naciones” efímeras de la tierra, esas que brotan y se marchitan a lo largo de las centurias. Mas, ¿acaso no todos los humildes de nacimiento queremos lo mismo, una vida digna? Africanos, asiáticos, americanos, oceánicos o europeos… No conozco a ninguna persona cuyo objetivo en la vida no sea ser feliz, al margen de su éxito.

Cuando entendamos esto, que en el fondo el mapa geopolítico es muy ridículo y retorcido, un plano de granjas llenas de becerros sin espíritu crítico, habremos ganado. Insisto, la única nación verdadera es la humanidad, todo lo demás es mentira y maldad. Para lograr esta visión, antes hay que dejar atrás el egoísmo y los prejuicios. Podemos hacerlo, pero no lo harán por nosotros.

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9 comentarios en “Sobre las naciones

  1. ¡Hola! Muy buena entrada y muy tristemente cierta; La realidad es cruel porque en muy pocas ocasiones se valora a quien hay que hacerlo. De las guerras siempre salen personajes que se mitifican pero nadie te habla de los escribas, los sanitarios o lo que llenan la despensa; ellos también están ahí y tal vez ni creían en esa guerra.
    Las ideologías ciegan a las personas, dicen, pero en realidad como bien dices no es más que una manera de adoctrinar a las personas futuras de un territorio, el darles un motivo para que quieran mantener las fronteras.
    Y como en todo lugar hoy en día manda el dinero, el deseo de poder de los que ya tienen es insaciable y es por ello que sería difícil llegar a arrancar el término “nación” tal y como lo tenemos entendidos. A veces da más quien menos tiene. Los vanidosos pensarán que es porque deben renunciar a menos, pero yo pregunto ¿no renuncia más quien da su único par de chanclas que quien da 3 de 100 que posee?
    Repito, muy buen artículo. Un saludo

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    • Muchas gracias por la visita y por tu sensato comentario. En efecto, parece que el que más tiene menos quiere dar. Imagino que es una enfermedad conductual, pero decir que es una enfermedad sería exculparlos y la verdad es que saben muy bien lo que hacen. Yo soy muy soñador e ingenuo, porque pienso que otro mundo es posible. Día a día me demuestran que los poderosos pulverizan sueños, incluso las buenas obras de los héroes humildes y silenciosos.

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  2. lorenzogarrido33 dijo:

    De todo lo cual se deduce que todo es una mascarada, sobre todo lo de las fronteras, las cuales sirven al mismo tiempo para dividir al pueblo y para que se hagan la guerra entre sí llegado el momento, evitando el socorro que corresponde a todo ser humano por el hecho de serlo. Lo mismo ocurre con el fútbol: tiene que haber forzosamente un perdedor, y aun habiendo incertidumbre al principio del partido yo o cualquiera estamos obligados a elegir un campo, porque siendo españoles no podemos apoyar, por ejemplo, a Italia. Se trata del fenómeno de la alienación en toda su crudeza.

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    • Exacto, es parte de la obra de teatro. Si te dejas llevar y no aplicas espíritu crítico, acabas en el bucle y todo “encaja”, pero para otros; vives la vida que han diseñado para ti y no eres diferente de cualquier producto de supermercado. Te obligan a escoger un bando y no escoger implica dificultad, pero siempre me ha gustado el culto a la neutralidad. Y si se elige un lado, al menos hay que esforzarse por dejar el mundo igual o mejor que estaba.

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  3. ¡Se puede debatir sobre tantas cosas aquí! ¡Me encanta!

    “Nosotros tenemos miedo al olvido” Tienes totalmente la razón, porque el ser humano quiere ser inmortal, y la verdadera muerte está en el olvido.

    “El amor que nos inculcan hacia nuestra nación es únicamente un barniz de docilidad” ,algunos conocidos míos que han tenido que prestar servicio militar en mi país hablan sobre como ellos entran cantando el himno desmotivados y salen sabiéndose todas las estrofas y gritándolo a todo pulmón, son detalles simples de este amor hacia la nación.

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    • Muchas gracias por la visita. Servir y defender un país es una tarea noble, salvo cuando el soldado es utilizado por malas personas para acometer malos objetivos.

      Al final, todos estamos en el mismo barco y es una pena que sigamos atrapados en conductas anticuadas. Siempre me lamento de tantos conflictos y muertes gratuitas, que se podrían haber evitado al prescindir de fanatismos y demás.

      Una ideología no merece la pena si te obliga a matar.

      Un saludo.

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