Consejos para conducir mejor

Sé que esta entrada se convertirá en una isla fuera de lugar, dentro del espíritu del blog, pero como cada día, de camino al trabajo, parece que evito un accidente con el coche por los pelos, he creído conveniente hablar sobre el tema y, quizá, confiar en que la gente lo lea y entre todos podamos lograr carreteras más seguras.

No me gusta conducir, ni me gustan los coches. Los detesto por lo que simbolizan, por lo que contaminan y por la falsa sensación de libertad que nos dan, pero en ocasiones no queda más remedio que subirse a uno y hacer de tripas corazón. Precisamente por esta actitud de relativo desprecio hacia los vehículos motorizados, me tomo muy en serio mis responsabilidades cuando conduzco y trato de adherirme a las normas todo lo posible. Conducir no es ningún juego, antes al contrario, siempre lo he comparado con manejar armas de fuego, porque un mal uso de esta tecnología puede matar.

Muchos conductores afrontan los trayectos como carreras frenéticas hasta el destino, no solo poniendo sus vidas en riesgo, sino la de terceros. En su mente, la carretera es un territorio sin ley y nadie más que ellos tiene derecho a circular con impunidad; si te impactan, la culpa será tuya por “estorbar”. No obstante, como nadie es capaz de convencer a estos imbéciles, han de ser los demás conductores los que procuren esquivar al conductor kamikaze de turno. Por eso, el buen conductor no maneja el vehículo con el objetivo de evitar multas, sino con la meta de llegar a destino sano y salvo, no habiendo causado daños personales y materiales en el trayecto.

En primer lugar, el ingrediente que considero más importante en el perfil de un conductor es la antelación. Con antelación se llega a todas partes y, si no media demonio de por medio, con las cuatro ruedas sujetas a los ejes. Reaccionar rápido y con eficacia puede marcar la diferencia, de ahí que el consumo de drogas o alcohol han de ser reconsiderados en caso de conducir. A mí me importa un bledo lo que hace cada uno en su casa, como si quiere esnifar detergente, pero si voy a morir que no sea por algo que se podría haber evitado, o volveré del más allá para vengarme.

Antes de hacer una maniobra, debemos observar nuestros alrededores y actuar en consecuencia. Si vamos a girar en un cruce, señalizar con los intermitentes y adelantarse con la mirada para ver si alguien está cruzando o hay algún obstáculo en la vía, como un jirafa de parto. Yo incluso trato de mirar a través de las lunas de los coches aparcados, porque en ocasiones se puede ver a los peatones a punto de cruzar. Si vamos a rebasar a otro coche, también deberíamos empezar la maniobra unos metros antes. La idea detrás de todo esto radica en que los vehículos y los seres vivos tienen un radio de movimiento propio, y es el conductor el responsable de anticipar cualquier quiebro inesperado dentro de ese radio. Por otro lado, señalizar los giros ayuda a que los que vienen detrás reaccionen en consecuencia, evitando choques, litigios de accidentes y cualquier responsabilidad subsiguiente.

Los coches, como vehículos de cuatro ruedas, solo pueden avanzar hacia delante, hacia atrás y progresivamente en curvaturas diagonales (si cogemos un reloj de agujas, su radio de movimiento está entre las 10 y las 2, y entre las 7 y las 5). Esto es, de momento no circulan por carretera vehículos capaces de desplazarse lateralmente, lo cual sería muy útil para aparcar o para echar a otros coches de la vía. En cambio, las personas y los animales pueden moverse en cualquier dirección en cualquier momento, motivo por el cual debemos extremar las precauciones al circular en sus proximidades. Nadie quiere atropellar a otra persona o a un perrito, por lo que analizando la vía con antelación, evitamos daños de todo tipo.

En paralelo a la antelación, va la precaución, ¡amigo conductor! Mantener unas distancias de seguridad con el coche que nos precede es un detalle que deberíamos practicar sin denuedo. A menudo, de camino al trabajo, me siguen por detrás vehículos cuya parte delantera soy incapaz de ver, de lo pegados que van a mí. He llegado a pensar que llevaba un remolque con pasajero enganchado a mi coche, en ocasiones un pasajero que hacía muchos aspavientos y parecía tener prisa. Pero claro, tampoco han inventado los coches con muelles al estilo del Coche Fantástico, por lo que no guardar la distancia de seguridad solo tiene una ventaja: aumentar las posibilidades de choque hasta el infinito y jugar a la ruleta rusa con la muerte. Ah, y en materia de siniestros, el que da, paga.

Ejemplo práctico: imaginemos que, en pleno trayecto hacia el trabajo, me sale al paso de forma súbita un político trasnochado. En sus andares erráticos, el político invade la calzada y yo, que trato de anticiparme siempre que puedo, lo detecto y freno con el objeto de no manchar mi coche con el detritus de su persona. Pero si llevo un coche muy pegado a mi parte trasera, de esos a los que ni se les ven los faros, sin margen de maniobra y sin espacio suficiente de frenada, lo más probable es que me envista y llegue a despegar por encima de mí, sobrepasándome al más puro estilo de los Locos de Cannonball.

Caso real: esta mañana, mientras yo cedía el paso a un peatón (en realidad era un ciclista que circulaba por aceras, cosa que no debe hacerse), el vehículo que me seguía tuvo que echarse a un lado por no poder frenar a tiempo, acompañado de las protestas lastimeras de sus frenos. Y no fue por falta de aviso, que llevaba varios metros aminorando progresivamente, porque yo ya había visto al ciclista nada más tomar la calle. Si la calle tuviese coches aparcados en el arcén, este apresurado conductor habría tenido que elegir entre impactar a esos coches o a mí, quizá incluso montándose por la acera y llevándose por delante al ciclista. Lejos de tranquilizarse, ya me estaba adelantando cinco segundos después, aún en el paso de cebra, cuestión que constituye en sí misma una infracción. Y si os parece un hecho aislado, al contrario: esto me pasa cada dos o tres días.

Si mezclamos anticipación con precaución, quizá estemos listos para afrontar las rotondas. ¿Sabéis? Después de trece años de carnet de conducir y ninguna multa, he llegado a la conclusión de que solo un 15% de conductores sabe tomar las rotondas correctamente. Existe el que utiliza la rotonda para adelantar a otros vehículos, el que utiliza el carril interior pero luego sale de la misma sin respetar la preferencia del carril exterior, el que toma la glorieta derrapando de lado, el que no señaliza… Estos infames círculos de cemento con césped y flores son la calamidad de las ciudades.

Antes de llegar a la rotonda, debemos vigilar si alguien está circulando por ella, momento en el cual tendríamos que frenar y cederle el paso. Puede darse el caso de que el conductor de la rotonda no use intermitentes para indicar si sale o si permanece en ella, por lo que en caso de duda es mejor frenar de más que comerse un coche por impaciencia. Una vez dentro, yo tengo dos reglas muy básicas:

  • Suponiendo una rotonda teórica de cuatro calles, si voy a tomar la primera o segunda salida, me mantengo en el carril exterior.
  • Si voy a tomar la tercera o cuarta salida, utilizo el carril interior y luego me abro progresivamente para salir por donde quiero, vigilando por supuesto que el carril exterior tiene preferencia y no puedo cruzarme por delante de los coches que circulan por él; ante la incapacidad de tomar la salida, uno no puede clavar frenos, tiene que dar otra vuelta.

Esta es la forma más correcta de enfocar la rotonda, pero como el día a día en ciudad es un peligro y nadie parece respetar estos principios básicos, la opción más segura es utilizar siempre el carril exterior o conducir únicamente por ciudades desiertas invadidas por zombies.

Por último, pero no menos importante, nos queda el sentido común, el menos común de los sentidos. Si la máxima de la vía está a 80, ¿por qué insistes en ir a 100? Si está a 100, ¿por qué vas a 110? Encima, hoy en día te pueden multar por un exceso de 1 solo km. Yo siempre voy a la máxima velocidad permitida y siempre me adelantan todos… Respeta la máxima, que nada ganas por pisar el acelerador a lo loco, esto es, descontando el gasto exponencial en combustible. Más allá de 90 km/h, no compensa.

Y aplica también el sentido común a la hora de coger el teléfono u operar los mandos del vehículo. Por mucho que legislan al respecto y hacen campañas disuasorias del uso del móvil, lo cierto es que los coches traen cada vez más distracciones, hecho nada positivo. Cada vez más botones, pantallas, funciones absurdas e innecesarias. Un coche es para conducir, no para preparar una tesis doctoral en Office o navegar por Internet. Prioriza tus acciones y te irá mejor en la carretera, además de que te ahorrarás unos buenos dineros en extras. Si te llama el jefe dile “vete a freír espárragos que estoy jugándome la vida”, acompañado de un sutil “capullo” si te notas con fuerzas; ya verás que pronto te ascienden por responsable.

En fin, tampoco me quiero extender demasiado en la materia, y si lo considero oportuno haré una segunda entrega con cosas que se me hayan quedado en el maletero. Así que, para finiquitar la entrada, enumero a continuación pequeños trucos que pueden resultarte útiles al volante, estimado compañero de carretera:

  • Cuando llegues a una curva cerrada, especialmente de noche, es útil alternar entre luces cortas y largas rápidamente, para enviar una señal de que estás llegando (si tienes un becario lo puedes enviar delante con un banderín). También puede ser útil en la entrada de un garaje. Aunque, recuerda, dentro de ciertas distancias hay que poner las luces cortas para no molestar a otros conductores.
  • Las luces de cruce son un excelente indicador de proximidad durante el aparcamiento. Eso si tu coche no trae sensores o ayudantes para el proceso de aparcar.
  • Ante un clima de niebla, utilizar las largas no sirve de nada. Es mejor encender las luces cortas y las luces antiniebla, de ser precisas, puesto que la niebla está suspendida en el aire y avanzar hacia ella con una luz frontal daría como resultado un muro de luz en el que no se ve nada.
  • Usar la iluminación del coche, en general, es buena idea en cualquier momento. Aunque no sea de noche, si el día está oscuro nada malo pasará por llevar las luces de cruce puestas; a lo sumo te dirán que quieres llamar la atención. La idea es ver y dejarse ver, sobre todo si tenemos un vehículo de color oscuro o invisible.
  • Si vamos a frenar en condiciones normales, recomiendo dar varios toques al freno antes de frenar definitivamente. Así las luces de freno del coche parpadearán y el conductor que nos sigue, en teoría, se percatará antes de lo que vamos a hacer. Frenar de sopetón y sin intermitentes para más inri es maniobra de Fórmula 1, no del día a día.
  • Señalizar en líneas generales nunca está de sobra. Yo señalizo al entrar en rotonda, al salir de ella, al aparcar en la nave espacial… Si ven una luz, otros conductores podrán anticiparse y actuar con seguridad, de modo que solo los pilotos de coches de choque te impactarán deliberadamente. Este punto no sirve durante el rodaje de escenas de acción en películas.
  • En las curvas es mejor acelerar ligeramente y evitar el freno. Esto es especialmente cierto en gravilla o tierra. El freno puede bloquear las ruedas y causar una salida de pista.
  • Si te entierras, mete una marcha más larga y trata de salir del agujero. Si dejas la primera puesta, la rueda hará cada vez más profunda la zanja y aparecerás en Australia.
  • Conducir bien centrado en el carril es clave para evitar que los arbustos de la cuneta te coman, sobre todo si es época húmeda y la hierba está crecida. Pisar la hierba de la cuneta mientras circulas puede infligir un efecto succión al coche y atraerte fuera de pista. Nadie quiere dormir entre la hojarasca.
  • Las dos manos al volante, a las diez y a las dos, aportan al vehículo mayor estabilidad en las maniobras. Conducir con una mano a las doce, por ejemplo, equivale a un flan bailarín, y en caso de maniobras de emergencia te verás con los pantalones bajados.
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2 comentarios en “Consejos para conducir mejor

  1. Estupendo artículo, pese a su extensión, su lectura es amena, seguramente gracias a la faceta humorística, y también al tema tratado, que concierne a muchos. ¿Quién no se ha topado alguna vez con uno de esos salvajes en la carretera? En calidad de ciclista, no dejo de cruzarme con ellos todos los días.

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    • Es una excepción dentro del blog, pero me apetecía escribir algo así y mira, lo mismo le sirve a alguien. De momento consigo sobrevivir, jaja. En cuanto a los ciclistas, tenéis un gran riesgo al circular junto con los coches, pero quizá la necesidad de reducir contaminación impulse espacios libres de coches pronto. Paciencia amigo mío.

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