Víctimas estéticas

Implantado por completo el sistema de consumo que las inmensas cadenas de montaje alimentan a diario, las personas acaban convirtiéndose en paralelo en productos de su tiempo. Cada una de ellas, dejando a un lado los matices y las iridiscencias, es una criatura manufacturada en base a las tendencias dominantes, lo que no quita que algunas abracen la rebeldía y luchen sin denuedo por independizarse de su programación inicial.

Así, en el presente galopa el culto a lo inmediato, la negación de la responsabilidad, el rechazo a las relaciones duraderas, incluso la dispersión de la figura tradicional de la familia. Se trata, en resumidas cuentas, de convertir el mundo en un patio de recreo en el que nada es estable, para que el sujeto, sometido a tantos estímulos y a tanta inseguridad en su entorno, no pueda sino abandonarse a consumir, en un desesperado intento por dejar atrás el horror; sustituir una carencia emocional por un placer efímero. Y es que los valores no han desaparecido, como dicen las personas mayores con desánimo, se han transformado.

Mi apreciación no pretende sugerir que la forma de entender el mundo en el presente sea peor que la del pasado, más bien me limito a la constatación de un hecho evidente. Todas las épocas tienen sus virtudes y defectos, pero lejos de abrazar una mejoría moral y racional con el paso de las décadas, hemos optado por arrojar por la borda el fanatismo y las conductas excesivamente pías de siglos anteriores, aquel fervor asfixiante, para acto seguido hacer hueco para un hechizo etílico y un banquete de polvo y flores secas.

Hoy en día no es habitual encontrar gente preocupada por cuestiones enjundiosas o por cultivar su intelecto, pero nos aterra el paso del tiempo y no cumplir con los cánones estéticos más exitosos, fruto del capitalismo ensalzado en todo anuncio, deporte, película o grupo de música -que también son productos de mercado-. Estos medios de socialización incurren a menudo en el ejercicio de la hipocresía: te dicen que lo importante es el interior, ser uno mismo, pero pronto se sumergen en una marea de potingues cosméticos para “tapar las imperfecciones” y “ser más feliz”, junto con modelos pseudoesqueléticos que lo “tienen todo en la vida”. Siembran inseguridad para alimentar la maquinaria.

Siempre con prisas, siempre estresados, nos echamos a la carrera por las calles en pura enajenación, respirando malos humos y de paso arruinando nuestra vida, desdeñando sueños y aspiraciones personales en pos de estas quimeras. Por si no fuera poco, la interacción grupal magnifica esta obsesión por estar delgados, iniciando dietas peligrosas o desarrollando complejos difíciles de arreglar, casos de bullying, incluso suicidios, epidemia que alcanza el delirio gracias a la insoportable campaña de la hipocresía de la que hablo; la religión del siglo XXI es mirarse en el espejo hasta quedarse ciego; “preocúpate solo de aparentar, que nosotros ya pensaremos por ti”.

En el fondo, todo se reduce a buscar la aprobación en los demás, en valorar nuestra persona en base a lo que el grupo opina. Justificar una existencia en función de su papel en el conjunto. ¡Qué ridiculez! Hay que despertar, emanciparse, por eso yo te digo: nadie decide lo mucho que vales o cuál es el límite de tu potencial. Busca tu camino e ignora las tendencias, independiza tu ser de una clasificación prefabricada en los despachos de marketing. Si alguien critica cómo vistes o cómo eres, ese alguien no merece la pena, es un mero zángano de la colmena y su opinión es un eco diferido, una regurgitación pastosa. Y nadie con dos dedos de frente y espíritu crítico quiere ser un zángano.

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2 comentarios en “Víctimas estéticas

  1. Lorenzo dijo:

    A esto hay que añadir que han suprimido las alternativas. Lo vemos cuando nos dicen: “no se puede salir a la calle sin dinero.” El dinero como sucedáneo de la felicidad y como sustituto del aire: sin él no podemos vivir.
    Pero salir de este embuste montado por la élite implica el ostracismo y el rechazo de los demás. Es el precio a pagar por intentar ser uno mismo.

    Le gusta a 2 personas

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