Keeza-GL1 – II

El trayecto fue largo y tedioso, porque tenía que poner a cubierto al engendro cuando arreciaban las tormentas de radiación o un cúmulo de rayos erráticos les salían al paso, estallando en facetas cromáticas imposibles de creer. Además, era imprescindible alimentar a la criatura y darle de beber agua potable, ya que al fin y al cabo era un ser vivo con unas necesidades básicas, a todo punto inaplazables.

La tarea no resultó nada sencilla en aquel mundo pos-apocalíptico, en especial lo de cazar roedores y ofrecérselos al engendro para que se los comiera, exprimiendo sus adentros diminutos en un repugnante jugo de nutrientes. En cuanto al agua, Keeza disponía de un sistema de depuración nativo ideado para cumplir funciones muy variopintas: absorbía líquidos contaminados mediante las boquillas de sus dedos y luego expulsaba el agua purificada por la boca, o la congelaba para crear cubitos de hielo que almacenaba en su estómago (y que a la postre servían para refrigerar sus procesadores).

-Toma, bebe de mis labios, Amo -indicó, ofreciendo sus labios al mutante-. Sacia tu sed con el agua que yo te doy, tan pura como mis ojos rojos de fuego luminoso. Así vivirás, así yo te haré vivir, mi pequeño. Tú serás feliz por mi servidumbre, y mi servidumbre me hará feliz a mí -repuso, para acto seguido proceder a besarlo con gesto piadoso.

En cuanto a las fábricas, encontrar una que se amoldase a las necesidades de la situación requirió más exploración de la prevista. En la mayoría de ellas ya no quedaba nada, más allá de polvo y silencio, rostros fantasmagóricos de la ausencia petrificada. Pero en algunas instalaciones, bien sepultadas bajo la ceniza de un futuro devastado, aún se podían encontrar materiales del Mundo Previo y robots que habían dejado de funcionar, derrumbados en cualquier parte o simplemente estáticos, de pie, observando el infinito de la noche digital; un cementerio de hierro frío que soñaba con el pasado.

Al borde de la costa gallega, en una ciudad en ruinas antaño famosa por sus astilleros y factorías militares, ya muy lejos del punto inicial de esta particular travesía, Keeza y el mutante hallaron un vestigio de otro tiempo, un Centro de Ensamblamiento RSV, una cadena de montaje en serie de robots de combate; robots de combate para una guerra que ya solo libraban esqueletos y máquinas sin combustible, carcomidas por el óxido. A medida que se internaban en aquel edificio semiderruido, gris, zafio, que exudaba violencia por sus pasillos sumidos en penumbra, repletos de armas e ingenios mortales, los pensamientos contradictorios se arremolinaron en torno a la mente de la androide, tal como lo habría hecho una bandada de murciélagos, sorprendidos por la visita de un intruso.

-No sé si debería hacerlo, pero Amo, ¿si me niego en qué lío me meto? -murmuraba, dubitativa-. El creado que crea, ¿ha de ser castigado por su rebeldía o premiado por su diligencia? ¡Ay, Amo -confesó-, el Código me está volviendo loca! Si me niego, me cuestiona; si lo cuestiono, me niega.

Sumida en sus propios conflictos morales, Keeza-GL1 buscó una mesa de trabajo apropiada para la tarea que se proponía; la encontró en el cuarto sótano después de un barrido sónico que le permitió mapear la factoría por completo. Sin dilación, arrastrada por la propia tracción de sus pensamientos tormentosos, aparcó a un lado la zozobra y comenzó los preparativos; se dispuso a dar un paso más allá del horizonte de posibilidades.

La criatura poco podía hacer para resistirse al procedimiento en ciernes, ya que la androide tenía una fuerza descomunal, nacida de sus músculos de fibras sintéticas, de sus huesos de metales irrompibles, mientras que su naturaleza humana y deshuesada le impedía huir o presentar batalla. Por otro lado, hasta ahora lo había alimentado con regularidad y sus instintos animales le decían que no había nada que temer, que era una aliada. No obstante, el mutante sintió un cosquilleo creciente en su estómago de tres cavidades; aunque primitivo, no era un ser estúpido y tenía miedo.

Durante horas y horas de larguísimos procedimientos quirúrgicos sin anestesia, la robótica y eficaz androide pelirroja Keeza-GL1, también conocida como Modelo Keezekoni Galai, convirtió el amasijo de carne sin huesos en una criatura nueva, nacida de la refundición de lo orgánico y lo sintético. Amputó sus extremidades derretidas y las sustituyó por prótesis mecánicas, extraídas de operarios robóticos muertos, cada una de un color. También concluyó que era imprescindible diseccionar el tórax blando de su Amo e implantarle costillas metálicas, que pudieran proteger sus órganos vitales y otorgarle cierto sostén al conjunto. Para esto no tuvo más remedio que arrancarse unos cuantos soportes sintéticos de su propio cuerpo, ya que no había encontrado piezas de características similares en las inmediaciones.

-Hay en esto algo de poética, dicen los registros de mi base de datos -expuso-. Que yo ahora te cree con mis costillas de hierro y mi saber de unos y ceros, mientras que tú bulles en esta mesa de operaciones como una masa lista para ser moldeada -comentó, sumida en un frenesí inexplicable, cauterizando, cortando, soldando…-. Eres pan y yo un rodillo implacable, pero gentil. Sin embargo -prosiguió-, ahora no sé si somos hermanos, o soy tu madre, o si por el contrario al despertar debieras reverenciarme como tu Diosa. Quizá incluso como un demonio. ¿Qué soy yo y qué serás tú, Amo? -pero nadie respondió a su pregunta; la criatura se agitó inquieta en la camilla como única respuesta.

Así, después de los devaneos de cariz filosófico, el remodelado del rostro fue una de las tareas más largas y complejas que Keeza había llevado a cabo en su larga vida de robot, casi tan complicada como la integración de discos duros DEF, de Estado Flotante, en el cerebro de la criatura. Estos discos estaban compuestos de células orgánicas sintéticas y tenían una capacidad de varios millones de yotaflops. Lo más llamativo de estos dispositivos de almacenamiento de información es que tenían la capacidad de crecer y expandirse, como cualquier otro organismo vivo, aumentando exponencialmente su rendimiento y capacidad con el paso del tiempo. Con su integración en el tejido cerebral, irían sustituyendo las células humanas poco a poco por células floppy; evolución repentina y dirigida.

Y así, después de la fiebre, la duda y el dolor, la particular criatura se convirtió en la particular creación. Sus gritos de dolor dejaron paso al silencio, al desmayo. La androide se cernió sobre él como un ave rapaz, dispuesta a picotear un poco más su maltrecho organismo, mientras se conectaba a su recién modificada cabeza con un cable de fibra óptica que parpadeaba de forma esporádica.

Primero había construido su cuerpo, ahora tenía que diseñar su mente.

Anuncios

8 comentarios en “Keeza-GL1 – II

  1. Lorenzo dijo:

    Es lo que toca, en vez de que Eva proceda de la costilla de Adán, es Adán quien procede de la costilla de Eva. Más aún: la mujer interviene directamente en su fabricación y puesta al mundo, como debe ser. En la cima de un montón de desperdicios aparece una flor. Tal vez toda la podredumbre de nuestro mundo supuestamente civilizado genere un elemento maravilloso de la creación, algo portentoso. Pero nosotros no estaremos ahí para verlo.

    Le gusta a 1 persona

    • Me apetecía darle la vuelta a esas concepciones religiosas de marcado cariz machista. Aunque sigue siendo un robot y podríamos discutir sobre si tiene sexo o no, jeje. Pero, en cualquier caso, vivir en un mundo así sería muy solitario. Un saludo.

      Me gusta

      • Lorenzo dijo:

        Como ocurre con los ángeles. ¿Tendrán sexo los ángeles? Hace años leí un libro de poesía de un autor mallorquín que se titulaba: “Anatomía de un ángel hembra”.

        Me gusta

    • En efecto, la idea es subvertir el machismo. Yo defiendo la igualdad siempre que puedo y las próximas entregas pueden trastocar mucho lo que ahora se ve en el texto.

      No obstante, ella sigue siendo una máquina esclava de su código, no de su género. Tiene limitaciones, a veces sorpresas.

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s