Modas pasajeras

Ayer fui a comprar ropa por primera vez en año y medio, dos años. La verdad es que a veces me tiro una buena temporada sin comprar nada nuevo, por eso de que no lo necesito o por el simple hecho de que no me gusta lo que veo. Más de una vez me he sorprendido sopesando la posibilidad de salir desnudo a la calle, completamente ajeno a cualquier complejo o vergüenza heredada del pensamiento judeocristiano. Y es que, año tras año, me encuentro con tendencias cada vez más horribles; me causan escalofríos y mucho miedo.

“Han vuelto los ochenta”. Es lo primero que pienso nada más cruzar el umbral de la tienda, cualesquiera de ellas. Y no os confundáis, me gusta mucho esa época, sobre todo la música rock y heavy, Metallica, Iron Maiden, Judas Priest, Slayer, etc., incluso el pop ochentero, pero con lo que cuestan hoy en día las cosas, no estamos para tirar el dinero en harapos. Para eso le robo el felpudo al vecino y me hago un taparrabos con él, o me anudo el gato a la cintura y salgo a la carrera con naturalidad.

En el presente se vende la ropa medio rota, lo cual es aceptable desde un punto de vista estético, pero el problema es que está confeccionada a partir de telas que se desgajan en el primer lavado o que parecen haber sido sacadas de un agujero a la intemperie. Un agujero o una zanja de barro, no lo tengo claro, de la época de María Castaña. Una vez compré una camisa y al entrar en casa estalló en mil pedazos; no es broma. ¡Puff! Lo que es peor, son productos importados de países mucho más laxos en materia laboral, que en algunos casos explotan a la gente y ganan dinero con sangre. Sí, al menos les dan trabajo, o eso es lo que pensaría el que no entiende el verdadero problema subyacente a este paradigma de externalización de la producción.

Veo predominancia de colores desvaídos y, en cuanto a líneas de corte se refiere, no hallo diferencias entre ninguna tienda; acaso los más sibaritas en materia textil tendrán preferencias, pero yo siento decirles que ni siquiera las marcas más “caras” ofrecen una vestimenta de calidad como la de antes: el traje de colono americano sí que duraba años, sí que era rentable, como el de pretoriano o el de guardia prusiano. ¡Qué tiempos aquellos! A tenor de lo visto, no descarto que empiecen a vender ropa hecha de plástico en el futuro, lo que sería ideal porque podrían reciclar la basura y la gente entraría mucho más tranquila en sus tiendas; “ahora sí que lo entiendo, ahora todo encaja”, dirían henchidos de gozo los clientes.

Las tendencias clónicas y de bajo coste/calidad se han impuesto y una marea uniforme de camisas de estampados horrendos copan los estantes por doquier; vista una tienda, vistas todas. La moda es una de esas criaturas que es mejor no alimentar, ya que te esclaviza a los intereses del mercado y te convierte en un producto diseñado para caducar cada tres meses. O antes. Y ni siquiera es un producto distinto de los demás, solo uno más. Obsolescencia percibida (ojo, que cada uno vista como quiera, pero que lo haga por gusto, no por presión del mercado). A mayores, si nos atrevemos a puntualizar el ensalzamiento enfermizo e hipócrita de la delgadez extrema, con esos maniquíes cada vez más finos, de cintura de avispa, no quiero ni pensar dónde acabaremos. Anda que no pasarán hambre los pobres maniquíes… (la próxima vez les llevaré unas galletas).

¿Es esto lo que queremos ser? ¿Muñecos fabricados en una cadena industrial, víctimas de la superficialidad y lo vacuo? Incluso los consumidores alternativos son productos del sistema; nadie escapa al todopoderoso flujo monetario. Lo bueno del capitalismo es que una misma empresa es capaz de ofrecerte el sabor aristocrático y el sabor punk en una sola tienda, o a través de sus respectivas marcas blancas. Ojo, que esto sí que va en serio. Con las ideas políticas, funciona parecido.

En el fondo, todo es lo mismo, todo cambia para seguir igual: tendencias de mercado pensadas para ganar dinero y poder -influencia- a cualquier precio, que se relanzan cada X años con el cartel de “Nuevo”, sin inventar nada por el camino. Una sensación de frescor incomparable inunda los escaparates y los ojos ansiosos de los peatones. Vagancia y conformismo; todo encaja.

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7 comentarios en “Modas pasajeras

  1. El penúltimo párrafo me ha hecho pensar que Ciudadanos es la marca blanca del PP. Como hubo lógico desgaste, se dijeron los oligarcas, que los Ciudadanos engañen a los ciudadanos, valga la redundancia, puesto que hubo que votar dos veces. Y total, ¿para qué? Para que los azules nos dejen en blanco y sin blanca en el bolsillo. En serio, lo nuevo es viejo: basta con comprar una televisión, es la misma de antes pero con la cara remozada. Yo, por el momento, lo sigo viendo todo negro.

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    • En esto, como en muchos otros asuntos de carácter socioeconómico, ya sabes lo que pienso. Estoy muy de acuerdo y siempre lo he comentado, a veces de pasada, en mis publicaciones de cariz político.

      Desde mi punto de vista, los amos del cotarro diseñan y crean todas las tendencias políticas y luego las ofertan. La izquierda del PSOE está descontenta y se escora hacia una nueva izquierda, previamente creada. La derecha del PP se transfiere a Ciudadanos. Pasó lo mismo con la transferencia del franquismo de los últimos años a la democracia del 78; ya no era dictadura, pero las ideas se habían heredado casi todas.

      Con esta tesitura, está para verlo muy negro. Quizá si se juega según las reglas del juego, nunca se puede ir más allá del tablero. Ni siquiera las cruentas revoluciones que asolan la historia han servido para mejorar la sociedad; solo han reemplazado a un mandamás por otro. Si eso es progresar, ya no sé qué decir.

      Un saludo.

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  2. Fuente RT: “El motor del desarrollo moderno son la ignorancia y el oscurantismo”, lamenta la analista y empresaria rusa Tatiana Voyevódina.
    Según la autora, la humanidad llegó al máximo de su capacidad científica y tecnológica en los años 60, después de lo cual no ha ocurrido nada radical en los ámbitos científico y tecnológico.
    Fue en aquel momento cuando la humanidad progresista se enfrentó a una nueva realidad una vez las necesidades básicas de la gran mayoría de los habitantes fueron satisfechas, revela la autora en su nuevo artículo publicado en el portal Sdelanounih.
    Los primeros en aprovechar esta situación fueron los negocios globales, opina la analista, que explica que “el capitalismo no puede existir sin la expansión” y los negocios globales necesitan nuevos mercados.
    El capitalismo, según Voyevódina, ya no satisfacía nuevas necesidades, sino que las creaba para luego satisfacerlas “triunfalmente”. Así, los operadores móviles crearon “la necesidad de charlar de forma continua por el teléfono”; las corporaciones farmacéuticas, la de consumir medicamentos; y los fabricantes de ropa, la de cambiar regularmente el vestuario.
    Entonces, prosigue la analista, nació el marketing y su objetivo de crear “falsas necesidades” y hacer “que lo innecesario pareciera necesario” con el fin de venderlo.
    Por otro lado, a fin de que la gente comprara todo lo que le querían vender, el pensamiento crítico y los “argumentos razonables fueron abolidos”, y la “imposición de necesidades” pasó a realizarse en un nivel emocional.
    Actualmente, “estamos ante el proceso de creación mundial de un consumidor ideal, totalmente desprovisto de la conciencia racional y el conocimiento científico sobre el mundo”, denuncia la autora del artículo agregando que el papel principal en este proceso es desempeñado por la televisión y otros medios de comunicación de masas, que intentan simplificar al máximo los contenidos para ‘criar’ a un consumidor perfecto para el negocio.
    En opinión de Voyevódina, “el oscurantismo y la ignorancia es el último refugio del capitalismo moderno”, sin los que “el mercado moderno no puede existir”.
    Lo que ocurrirá en el futuro es difícil de predecir. “El capitalismo moderno, toda la civilización occidental moderna, no mira hacia adelante: solo le importa la expansión actual”, que se logra a través del “atontamiento total de la población”, asevera la experta.

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  3. Te comprendo perfectamente, es difícil encontrar hoy en día algo “que sirva” hay que dar muchas vueltas y aparte cuando ves algo bonito o decente es de una tela finita o de las que se rompen de nada. En mi casa preferimos obviar las tiendas de renombre e ir a las que son poco conocidas que están “atrasadas” con la moda actual.

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