Chaos Accolade

No me gustan los fanatismos. Por ideología hay personas que son capaces de matar a otras. Ocurrió en la Inquisición española, ocurrió en la quema de brujas de Salem, ocurre hoy en día en las guerras injustas y también en los atentados terroristas que el propio sistema alimenta de una u otra manera. Pareciera que nuestra especie está condenada a comportarse como una energúmena de por vida, una criatura adoradora del caos sin brújula moral.

A lo mejor se nos olvida con demasiada frecuencia lo exigua y frágil que es la vida, el maremágnum primigenio que nos ha convertido en lo que somos y no en geranios mutantes con dos cerebros. Por eso me sorprende que haya personas o grupos de personas que tengan creencias y pretendan imponérselas a los demás, generalmente por vías violentas y asesinas. Cuando la ideología en disputa es religiosa, no puedo sino carcajearme de lo paradójica y absurda que es tal contienda, habida cuenta que se basa en escritos de puño humano y en supuestas escuchas divinas que nadie ha podido corroborar… como todas las demás ocurrencias humanas. ¿Para esto quieren dioses y cultos, para justificar matar o ser asesinado?

Observando quedamente la civilización humana, a veces tengo la sensación de estar observando un tablero, ni siquiera de ajedrez. Algo más básico y estático… un futbolín. Todas las piezas están dispuestas y ensartadas por tubos de hierro que determinan su lealtad y ellas, tan calladas y conniventes, solo pueden agitarse hacia delante y hacia atrás, partícipes de la deriva y de un juego en el que nada tienen que decir.

Han pasado tantas centurias y se han cometido tantas atrocidades, que en pleno año 2017 cualquier mente racional daría por hecho que estaríamos hartos de la muerte y el dolor. Pero resulta que no, que no hemos tenido suficiente, que no hemos aprendido, y que nos estamos preparando para muchos más atropellos presentes y futuros. No hay estructura, solo impera la ley del más fuerte; es la pura y cruda certeza que se extrae del estudio de los acontecimientos.

¿Es la falta de valores, como dicen algunos, la causa primigenia de esta fragmentación del sentido común? Absurdo. Todas las épocas tienen valores, aunque sean distintos. Si acaso, el verdadero origen de los problemas es la debilidad humana, criatura incapaz a veces de sobrevivir sin unas directrices claras y concisas. Todas esas gentes que eligen un bando y se convierten en adoradores fanáticos, defensores febriles del capitalismo, una religión, etc., son incapaces de vivir sin un guía, y nada les cuesta entregar su vida a calamidades impensables, porque esas calamidades “dan sentido” a su existencia. Por supuesto, el propio sistema se ha encargado previamente de destruir su espíritu crítico y asediar su psique con ideas polarizadas y precocinadas en los hornos de la mediocridad. Nos quitan nuestra fuerza y nos dan sus armas arrojadizas.

¿Tan difícil es aceptar la nada y seguir adelante? ¿Tan complejo es emanciparse de los tejemanejes de esos viles monstruos que acechan y se alimentan de la necesidad humana? Las guerras de ideas son una excusa para perpetuar la inestabilidad y dividir a la población. En cada conflicto, los gobernantes se frotan las manos sabedores de que su reinado se extenderá un poco más… ¡Pobres ovejas!

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8 comentarios en “Chaos Accolade

  1. En muchas páginas de Internet alternativas, no controladas por los medios oficiales, nos enteramos de que USA y la OTAN sostienen financiera y estratégicamente a los terroristas de Siria y otros países. Nos quieren hacer creer que los terroristas actúan por fanatismos religiosos y un odio exacerbado a Occidente, cuando lo cierto es que actúan por dinero: son simples mercenarios al servicio de los intereses de las grandes multinacionales (petroleras, industrial del armamento, farmacéuticas, agroalimentarias…). Esa gentuza ha contratado gente para que cometa atentados en nombre de Alá y así aumentar la separación entre los pueblos. Cada vez es más evidente que el mundo está siendo gobernado por psicópatas asesinos. Es necesario que la gente lo sepa, al menos eso: la verdadera toma de conciencia podría salvarnos.

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    • En efecto, hay que diferenciar entre los mercenarios y combatientes, que en muchos casos no creen en nada, solo luchan por dinero, y sus líderes, que sí tienen unas intenciones muy concretas. Y aunque los mercenarios sí crean en el movimiento en cuestión, tampoco afecta. La verdadera guerra se libra muy lejos de los campos de batalla y no sabemos a ciencia cierta hacia dónde se extenderá. Pienso que quizá todo esté relacionado con la necesidad de reducir población y los cambios geopolíticos que se derivarán del cambio climático en ciernes.

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  2. Hola Óscar

    No hace mucho escribía en un artículo, no recuerdo si en la revista o en mi blog, en el que me hacía eco de unas declaraciones de Stephen Hawking en las que afirma que es un riesgo para nuestro planeta recibir la visita de una civilización extraterrestre. Dicha afirmación, procediendo de un científico de semejante envergadura a primera vista podría parecer sorprendente pero ya no lo es tanto cuando escuchamos sus razonamientos al respecto. Hawking dice que la única civilización de la que tenemos referencia probada es la nuestra y que, de nuestra propia experiencia se aprecia de manera más que rotunda, que 5.000 años de esta no han servido para erradicar la peor de sus tragedias que es la guerra. O lo que es lo mismo que, en lo que conocemos, el desarrollo de la sociedad no implica la desaparición de la guerra. Por lo tanto, no tenemos ninguna garantía de que una raza extraterrestre, a la que se le presupone mucho mayor desarrollo tecnológico que el nuestro solo por el mero hecho ya de alcanzar nuestro planeta, no vaya a resultar hostil tal como lo sigue siendo en numerosas ocasiones la raza humana por más de sus 50 siglos de historia.

    Con esto, vengo a corroborar lo que ya dices de manera tan brillante en tu artículo y a lo que solo me quedaría añadir que, en este caso como en el de las crisis económicas, hay dos elementos determinantes y a los que habría que atribuir el principio de todos nuestros males, que no son otros que la avaricia y codicia humanas que, como bien afirma el dicho: “no tienen límites”.

    Un saludo.

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    • Ciertamente a veces da la sensación de que estamos atrapados en algún tipo de bucle. La razón me dice que el progreso es posible y con el paso de los años y los numerosos errores cometidos, nuestra especie tiene que ser capaz de aprender y mejorar. No obstante, y a tenor de lo visto en la historia, se extrae la conclusión de que los errores rara vez suponen aprendizaje alguno, como si nuestra humanidad estuviera supeditada a algún tipo de alzheimer estructural. Lo sufrido en una generación es olvidado en la siguiente y repetido en menos de 50 años.

      ¿Y si en realidad es todo una gran broma? ¿Y si somos mero código de programación de un cosmos en el que el progreso no tiene cabida? O eso, o mucho más diminutos de lo que nuestro orgullo quisiera aceptar.

      Un saludo.

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