La Utopía Dorada – VII (Ver. 2)

Kali

Un bloqueo, una presa, un embalse. Naturalmente, los recuerdos desagradables habían permanecido escondidos detrás de un muro denso y aterrorizante; hasta cierto punto, como si el accidente no hubiese ocurrido nunca. Pero la cicatriz del pecho era real, Karen también. Leo había optado por reprimir y negar el recuerdo gracias a la ayuda de un especialista, borrar la impronta de una persona que solo podía definirse con la palabra angelical, hasta que al cabo de los meses lo concreto se convirtió en difuso, y lo difuso en nada; no sin ciertos efectos colaterales. Visto en perspectiva, no había sido la opción más inteligente, pero sí la necesaria para sobrevivir, o así lo entendía él.

-Notarás que ahora ya no duele tanto -comentó Kali-, un hecho que en sí mismo implica un dolor diferente. Han pasado muchos años, pero lo que ahora experimentas es un torrente de emociones que has estado reprimiendo demasiado tiempo; por eso, corta como un cuchillo recién afilado, aunque no lo sea. Negarte, esconder la verdad, no es nunca buena idea.

-¿Por qué? ¿Por qué desenterrar la tumba donde sepulté todo lo que era, desmoronar la torre que construí capa a capa para esconder el pasado? -le reprochó.

-Has cambiado, has crecido. Crees que eres pleno y capaz de enfrentar el mundo, pero no eres sincero contigo mismo; eres débil mientras no aceptes la oscuridad que subyace, te sumerjas en ella buscando la asfixia. Odín se ahorcó por un buen motivo, ¿no lo ves? Vives oculto del mundo, no te entregas por completo; no reconoces aquello que te lastra, porque te niegas y vives en una superficie desértica, carente de profundidad. Tienes que dejar que Karen se vaya, pero de verdad; tienes que vaciar el cofre en el que guardas su fantasma… hasta que no quede nada y puedas arriesgar tu vida sin reparos. Tienes que ponerte de pie y luchar por un futuro, ella lo habría querido así. En eso consiste toda esta farsa; es un baile mano a mano con la muerte.

Leo la observó con detenimiento y pareció atisbar un cambio sutil en su mirada al pronunciar aquella palabra tan versátil y venenosa.

-¿Qué futuro, Kali? Una ilusión es lo que es, un artificio, y hasta ahora el truco de magia que ponía en práctica a diario me funcionaba. No puedo escapar de la espiral, hace tiempo que me rendí. Obligaciones y compromisos absurdos, sueños raídos, esperanzas rotas… Me he hecho viejo y conservador. No sé si quiero jugar en este tablero y mucho menos si quiero jugar con estas reglas.

-Solo hay un camino, que es hacia delante. No te queda más remedio que recorrerlo quieras o no, pero será mucho más provechoso si quieres, y si lo haces con valentía. Sé que cuesta y que es muy fácil caer en el victimismo del cobarde, buscando excusas para no hacer nada, revolviéndose en el lodo, estático. El camino llegará y más vale que estés preparado. Pero lo entiendo: el dolor es un hijo de puta muy seductor.

-Todo esto, todo… -abarcó con un gesto de la mano- es una gran mierda. No sé por qué habría de preocuparte mi vida, Kali, ni por qué tratas de ayudarme en esto. Ni que mis problemas fuesen únicos o importasen lo más mínimo.

-No son únicos, cierto, pero tú, Leo, tú… tienes que bailar conmigo, buscar el calor sin descanso; escapar del frío que lo devora todo. Y no podrías entregarte por completo a mí tal y como estabas. Yo también tengo mis motivos, faltaría más, para estar aguantando tus flaquezas.

-Me dispongo a dejar a mi pareja, me siento atraído hacia una compañera de trabajo. Ahora apareces tú de la nada, vestida de negro como un cuervo que porta malas noticias, farfullando locuras sobre la muerte, el sexo y el futuro… ¿Qué demonios me está pasando?

-Olvida todas tus ideas aprendidas de Disney, desdeña esos valores inservibles y llenos de patrañas; la vida, el universo, no te debe nada, ¡y tú a él tampoco, joder! Eres libre de hacer lo que quieras, siempre y cuando aceptes las consecuencias –explicó, utilizando una frase parecida a la que él le había dicho a Kate horas antes–, pero sentado no obtendrás nada de lo que deseas. En eso, me temo, no hay discusión. Y no te engañes, yo estoy antes que ninguna otra; si no es hoy, será mañana -repuso enigmática.

Dicho esto, se aproximó a él y le dio un largo y voraz beso con lengua. Sabía a vino añejo, a roble; su boca era cálida y hechizante; no pudo evitar alzar una mano para acariciarle el rostro. Ambos cerraron los ojos y se dejaron llevar en un momento que les pertenecía solo a ellos. Besaba muy bien, y sus labios susurraban sortilegios incomprensibles.

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4 comentarios en “La Utopía Dorada – VII (Ver. 2)

  1. Kali está muy segura de sí, quizá sea alguien venida de otro planta o una reencarnación de una vida pasada. Leo ha leído en su alma y lo que le ha leído le ha parecido triste, pero tiene efecto catársico. No se puede luchar contra uno mismo negando la verdad o tratando de ocultarla; lo mejor es limpiar impurezas, convivir con el pasado sin darle la espalda y mirar hacia adelante con firmeza y serenidad.

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  2. Kali, Kali, es aún una gran incógnita incluso para mí. Corre el riesgo de que su naturaleza no sea explicada, nunca se sabe. Lo único cierto es que es un vector de transformación, de cambios, y que hay que aceptar las cartas que nos reparten. Aceptarlas y hacerlo lo mejor posible con ellas.

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