Poema “Poesía Desnuda”

No se trata de buscar la rima rápida, lapidaria,
como si estos fueran versos del célebre Cyrano;
la poesía es una esclava magra del alma,
doblemente eficaz si es cruda y clara
como esas prostitutas que no se andan con remilgos;
es un llanto lastimero de ególatra con visos de tirano,
que es mejor estrujar con saña, lleno de rabia,
mientras la sangre fluye rauda y el corazón no estalla.
Hay que utilizarla para gritar y maldecir
enfurecido por la injusticia sufrida y permanente,
por todas estas horribles afrentas y profusas sangrías
que a diario sufre el títere cautivo de su propia mente,
en el fulgurante mimbre dorado
que constriñe al gorrión pardo.
¿Y de verdad quieres que te diga cómo sufren las entrañas,
que a menudo se deshacen en remolinos de gozo y sarna?
No hay amor eterno, no hay cuentos principescos,
no hay inocencia ni ríos llenos de sueños huecos;
solo queda el destierro, la maleza, lagos de bajeza,
el yermo erial de ruinosas cavernas
en las que guardamos caretas,
allí donde nos hemos encontrado a diario
para saludarnos tímidamente y solo de paso.
No hay amadas ni amados que sobrevivan una centuria,
solo promesas eternas que duran menos que una vela;
en las palabras y los versos hay mucho de escupitajo.
No existen las golondrinas negras con intención de volver;
no volverán ni se las espera;
solo resta el fingido interés movido por la vileza.
¿Para qué adornar los versos con rebuscadas burlas
y convertir lo quebrado en hechizo de humo?
No ha de repararse la solitaria y gruesa brecha
que nuestra débil carne en su frugalidad gesta.
Esta es la triste certeza de saberse poco menos que uno,
y pese a ello no tener miedo de furias y sombras funestas,
atrapado en la famélica corriente de succión infinita
de una boca embrutecida por palabras bonitas.
Mas no sentidas.
No sentidas.

                                                         Por Óscar Gartei

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Poema “Flores Secas”

Pasa el tiempo a la velocidad del rayo.
Pasa para no volver, convertido en perpetuo fugitivo.
Los días se marchitan, se quiebran,
como los pétalos secos que una solitaria flor arroja al viento,
en su imparable aproximación a la extinción absoluta.

Su textura pulverizada se deshace entre mis dedos,
tiñendo de ocre una piel igualmente condenada.
Suspendido en el vacío, con la cara pintada de asombro,
me veo dibujado en una tierra estática, asombrosamente silenciosa,
mientras el cielo gira tan rápido que sus estrellas parecen líneas…

Aquí estoy yo, la vasija de un espíritu irreal,
encadenado a un mundo gris y zafio,
de aroma rancio,
en el que un sinfín de sombras amorfas danzan alocadamente,
entrechocando garras y dientes en absurda contienda.

Sus andrajosos cuerpos se visten con el caos;
mientras pelean se revuelcan en el fango,
y matan y viven bajo la hora oscura de oscilación fatal.
Se han convertido en restos invisibles,
en tristes parodias, en carcasas,
incapaces de sentir lo que otrora los inundó.
Están secos; son campos arrasados
de labios convertidos en volubles jirones.

Y yo soy un mero espectador en este lienzo que se quema,
en un bodegón acariciado por las llamas,
en el que la podredumbre iza sus estandartes
y lame con su vibrante lengua de fuego la madera.
El sonido crepitante de las flores me alerta.

Veo el dolor, la lucha eterna -inútil-,
las sombras que van y vienen como exhalaciones,
y también sus gélidas lágrimas derramadas por nada,
incapaces de revivir el fallecido rubor de una rosa roja.

Huelo las flores secas de un mundo igualmente seco;
su imagen frágil se quiebra en mis endebles manos.
No comprendo esta belleza cadavérica.
Y el viento…
el viento me las arrebata y se las lleva, sin preguntar.
Me giro, trato de encontrarlas, pero no las veo.
Quizá ya no importan, quizá nunca hayan existido.

La noche se aproxima,
su nefasto heraldo se perfila en el horizonte.
Un violáceo crepúsculo de mirada asesina
se apodera de una realidad completamente seca,
y acto seguido la zarandea sin miramientos.

Sus dedos de fuego se aferran a un día moribundo,
y lo asfixian hasta que el familiar sonido de la muerte
resuena en sus oídos.

                                                        Por Óscar Gartei

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Poema “Conjuro de Estrellas”

Un saco de huesos. Caliente. Sangriento.
Intrigante bucle de lamentos.
Ahora templado, después un poco más frío,
cuando emerge victorioso el atardecer ínfimo.
Motor sin combustible; cortocircuito y obliteración.
Colapsa el sistema crepitante y la muerte se extiende
como un batallón de vikingos enfurecidos;
el que antaño era un millón, hoy es un millón de nadas.
“¡Bah-Phum!” -retumba el coro de suicidas,
entonando el mantra de disrupción telúrica,
gruta golosa de chillidos y sangrías.

El cosmos nebuloso sublima en un lastimero esqueleto.
Aúlla la calavera descarnada ante helados vientos y flagelos,
desencajada por los ronroneos corrosivos de la agonía sideral,
y sus ojos huecos emiten un desgarrador grito de angustia y soledad.
Trompetas disonantes resuenan y propagan su sinfonía;
la saliva ácida es escupida por sus aberturas dilatadas.

Dos hileras de dientes ennegrecidos se hunden en la tierra;
muerden con saña.
Y el fango cierne sus informes brazos tostados sobre clavículas y pelvis por igual.
Astillas, solo son jodidas astillas.
Amargo bocado de duras piedras grises y fragmentos imposibles,
que bajan sin gracia por un gaznate completamente desecado.
Ósmosis inversa de la devastación;
carrera al galope de los eriales mustios, sedientos de latidos.

Se encoge el amasijo de calcio, en un ovillo recluido en su propio cráneo.
Fisuras irregulares surcan el envoltorio blanco,
quebradizo, roto y estanco,
sajando su pureza sin mácula, ahora mate e insípida.
Brotan malas hierbas de sus extremidades retorcidas,
esparcidas en ángulos imposibles como la vida,
y se dan el festín con sus vísceras en descomposición;
la llama humeante se va, se va, se va…;
puras sílabas de floja dispersión.

El polvo estelar cristaliza sobre sus oscilantes y famélicas ramas,
tornado en una capa endeble y crujiente,
parodia ridícula de extintos corazones de helio;
torsión suicida de estrellas moribundas.
Eco gélido de un suspiro que se apaga.
Ritmo giratorio del desagüe del recuerdo;
sumidero glotón de la coherencia vana.

Criaturas específicas, individuales y beligerantes,
antaño enemigas, acérrimas rivales,
galaxias, universos, amantes y danzarines,
yacen hoy convertidos en uniforme, mudo y pringoso barro;
sus manos y sus rostros se reconocen en el charco;
hay familiaridad en el puré vital.

Y es un charco helado y sucio, inocuo, en el que no se distingue nada;
solo un diente a la deriva, uno, que se funde y evapora
en un desagradable siseo de ira conjurada y protestas amargas;
mientras chasquea y litiga, se desdibuja sin más,
sin más,
víctima del sortilegio crudo y la más negra magia.

                                                          Por Óscar Gartei

John Knock, Detective Privado – I

El humo del cigarrillo era denso y apestoso. A John Knock no le gustaba el tabaco ni lo más mínimo, pero sabía de sobra que si no fumaba, no tendría clientes, así que todas las noches, acompañando el pitillo con un vaso de whisky -a rebosar de hielo- y mucha hosquedad, aparentaba ser un tipo muy duro y muy chungo en la desgastada barra del bar Siletto. Tal conclusión no atendía a razones puramente lógicas, sino a su ágil y aguda intuición de detective; en más de una ocasión, sus corazonadas habían resuelto casos en apariencia imposibles de resolver como el de Kerry y las 3 Picas.

Eran algo más de las dos de la madrugada y fuera llovía con intensidad anormal; su cliente se retrasaba. El local en el que se encontraba era oscuro y viejo, y apestaba a tabaco, sudor y alcohol. Las paredes estaban revestidas de madera oscura, lo que le daba cierto aire de taberna irlandesa, y a veces tenía lugar alguna actuación musical en el discreto rincón destinado a tal efecto, pero sin que ello supusiese perder jamás el adjetivo de tugurio. En una mesa del fondo, sumida en penumbra, cuatro borrachos jugaban al póquer y escupían juramentos muy imaginativos. John escuchó cómo uno de ellos encadenaba no sé qué de la madre de otro con una felación a una tortuga, a lo que el aludido respondió con una virtuosa combinación de las palabras testículos, caja de bombones y hospital. En el fondo, todos los borrachos eran poetas.

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Impulso Solar

Estos días, en las noticias de televisión no paran de hablar de las energías renovables, sobre todo por ese admirable trayecto que el Solar Impulse ha llevado a cabo (dar la vuelta al mundo únicamente con energía solar), marcando un hito en la historia de la humanidad. En paralelo, un barco movido únicamente por los rayos del astro rey también ha surcado las aguas mediterráneas, lo que pareciera ser una tendencia esperanzadora; acaso los combustibles fósiles tienen ya los días contados.

No obstante, no me voy a unir a las voces de júbilo de los medios de comunicación, ni tampoco a la visión excesivamente positivista de ciertos grupos de personas. Como en muchos otros aspectos de la vida, prefiero mantener mi independencia ideológica y analizar la realidad mundial hasta las cotas que mi entendimiento humilde y humano me permite. Puedo optar por creer lo que me dice el escaparate del sistema, la televisión, y acabaré completamente engañado; su distorsión de la realidad para amoldarse a los intereses del mercado no me hará ningún favor. Pues, sigo opinando que estos adelantos tecnológicos llegan con retraso, única y simplemente porque no han convenido -ni convienen- a las empresas petroleras ni a otras industrias implicadas en sus flujos monetarios. Tampoco sería descabellado decir que algunas naciones han presionado para retrasar las energías renovables y seguir gozando de poder e influencia en el panorama geopolítico. Si un recurso es escaso y valioso, tornarlo inútil o abundante desprovee de todo poder a la nación que lo posee.

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Keeza-GL1 – III

Entregas anteriores en: PRÓLOGOKEEZA IKEEZA II

La conexión directa se produjo en milisegundos, sirviéndose de un cable MUS 3.5, viejo y lleno de polvo, pero todavía capaz de transportar datos con una tasa de transferencia demencial. La mente de Keeza-GL1 experimentó una profunda sacudida eléctrica y, poco después, sus ojos dejaron de percibir lecturas del exterior; el resto de sus sensores corporales permanecieron en estado de hibernación, atentos a sus inmediaciones, pero en modo ahorro.

El mundo digital era extraño, granulado, luminoso, y resultaba delirante incluso para los exponentes cibernéticos; no tenía dimensiones físicas, pero era infinito e irregular; también existían zonas oscuras que jamás debían transitarse. Como ya no había servidores operativos en la Nube a los que conectarse, el entorno alfanumérico en el que se encontraba tenía que ser programado y compilado con sus propios procesadores, lo que le inducía en paralelo “alucinaciones”, redundancias psicosensoriales derivadas de la saturación de los núcleos y el desbordamiento de los búffers; al no poder volcar las tareas computacionales en otro dispositivo, el desvío de energía de sus órganos vitales alteraba el funcionamiento de todo el sistema.

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Cita

Poema “Kurias”

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Navegando entre soles,
entre planetas gélidos de destino incierto.

Ö                    Ö

Cometa a la deriva,
solitario y marginado viajero.

V

Condenado y atrapado,
en grutas de fuego y cielos estrellados;
campo gravitatorio de núcleo famélico,
festín para el óxido y los gusanos.

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Marioneta hechizada,
trotamundos estanco,
piel gravemente escarchada,
sin estela, futuro ni destino,
muerte de olvido quebrada;
lágrimas absurdamente vanas.

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Oscuridad,
Noche,
Viento
Luz
Estrella
Olvido
Susurro
Eco
Gota
Polvo
Piedra
Grano
Ojo
Boca
Mano
Todo
Nada

                                                       Por Óscar Gartei

*Este poema experimental depende enormemente de su visión global. Está pensado para ser leído desde cierta distancia, por lo que si lo estáis leyendo desde un móvil, es posible que nada tenga sentido.